Martes, 1 de mayo de 2007
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Merkel echa mano a Bush
SI se lee el comunicado y se atiene uno al tono y las declaraciones oficiales, todo va como nunca entre la Unión Europea y los Estados Unidos, que ayer celebraron su cumbre anual en Washington: Angela Merkel y Joao Durao Barroso han hecho todo lo necesario y más para animar el partenariado euro-atlántico y subrayar la identidad de criterios entre las dos partes en asuntos clave.

Entre ellos están nada menos que la negociación con Irán sobre su plan atómico y cómo tratar con Moscú tras las advertencias de Putin sobre toda tentativa de cercar a Rusia (es decir, cómo justificar el despliegue del escudo anti-misiles de EE UU en Europa).

Bien leídos, los esfuerzos de la canciller alemana y del presidente de la Comisión Europea no son del todo iguales.

La primera anunció en su día que, tras el capítulo de Gerhard Schröder, ella y su gran coalición harían lo preciso para rehacer los puentes con los norteamericanos y pasar página. Y ha cumplido mientras, por debajo, asegura a Moscú que recibirá las adecuadas garantías.

Durao Barroso no es, como Merkel, jefe del gobierno de un gran país de la Unión Europea, sino el presidente de su Comisión. En su entusiasta declaración a CNN el domingo estuvo militante en relación con la amistad euro-norteamericana y compitió con el Departamento de Estado al decir que cada país soberano de la UE es libre de tratar como quiera con otros en alusión a la decisión de Polonia y Chequia de aceptar en su suelo instalaciones del mencionado escudo 'made in USA'.

Técnicamente es irreprochable lo que dijo, pero políticamente no lo es. ¿Diría lo mismo Durao si un país soberano de la UE decidiera, por ejemplo, dar facilidades académicas a científicos nucleares iraníes o procediera a grandes inversiones en su industria? La UE es un todo cuando, por ejemplo, está -vía Javier Solana- en el 'Grupo Cinco más Uno' que presiona a Irán y es un grupo heterogéneo donde cada cual puede hacer lo que tenga a bien si favorece los intereses estratégicos norteamericanos.

Angela Merkel sabe todo esto de sobra (y favorece un constante diálogo con Moscú en todos los órdenes, según la tradición alemana) y, por eso, todo su énfasis ayer fue concretar los aspecto económicos de la relación inter-atlántica, especialmente la adopción de los códigos definitivos de la buena llevanza del gobierno internacional y el éxito final de la política de cielos abiertos.

 
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