Martes, 1 de mayo de 2007
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OPINIÓN

OPINIÓN EDITORIAL
Sindicalismo al día
EL Primero de Mayo ofrece cada año un elocuente retrato tanto del momento sindical como de la situación que atraviesan la economía y el país en general. Resulta significativo que UGT y CC OO hayan elegido para la celebración de hoy el lema 'Por la igualdad, empleo de calidad'. Se trata de una adecuación lógica del discurso reivindicativo a aquello que los trabajadores perciben con más preocupación. Porque cuando la ciudadanía señala el paro como motivo de inquietud -lo hace en el último Barómetro del CIS- se refiere más a la inestabilidad de los puestos de trabajo que al riesgo de una crisis general que conduzca a la destrucción de muchos de ellos. Pero esa misma adecuación en el discurso reivindicativo, que los sindicatos perciben como una necesidad impuesta por el crecimiento económico español, difícilmente podrá hacerse realidad mientras la productividad -y por tanto la intensidad con la que se trabaja cada hora- continúe limitando las posibilidades de una bonanza duradera. El acuerdo alcanzado entre el Gobierno, las organizaciones empresariales y los sindicatos para la Reforma Laboral 2006 supuso un compromiso ineludible para la puesta al día de las normas que regulan dicho mercado. Aunque su eficacia futura depende de que sus protagonistas asuman aquella firma como punto de partida para nuevas medidas de flexibilización que, lejos de amenazar el empleo, constituyen una necesidad de nuestro tejido productivo y de los servicios.

La diversificación de las relaciones laborales es una consecuencia ineludible de la nueva economía, cuyo desarrollo conlleva la segmentación de los centros de trabajo y la sujeción constante de sus dimensiones a las exigencias directas o indirectas de la globalización. Pero resulta erróneo considerar que toda diversificación o flexibilización de las condiciones contractuales afecta negativamente a la estabilidad del empleo y a su calidad. No debe ser así, sino todo lo contrario, en un país en el que el diálogo social ha servido históricamente para conciliar las necesidades de la economía y los intereses empresariales con las aspiraciones de los trabajadores, y ha contribuido a tan larga etapa de prosperidad.

Es verdad que el crecimiento económico nunca puede, por sí solo, satisfacer las demandas de la sociedad. Pero constituye un requisito imprescindible para procurar el bienestar. El sindicalismo de CC OO y UGT lo ha sabido ver así. De su acierto a la hora de propiciar una menor precariedad e inseguridad laboral dependerá también el arraigo de las organizaciones sindicales y su continuidad futura sobre las bases de aquel movimiento socio-político que durante la transición tuvo que emplearse en el doble empeño de luchar por el mantenimiento de los puestos de trabajo en tiempos de durísima crisis, mientras arrimaba el hombro para el restablecimiento definitivo de la democracia.

 
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