Estuvo tres décadas pisando el suelo de la Universidad Laboral y oficiando ceremonias religiosas en su iglesia. Eduardo Jiménez, jesuita que fuera profesor de Religión en el centro educativo, comprobó hace unos dos años que las cosas habían cambiado. Quiso entrar en el recinto y le dijeron que los «privilegios» se habían acabado y que para acceder a la Laboral tendría que hacerlo acompañado por un vigilante jurado. Ni entró, ni regresó. Ahora, desde su actual responsabilidad como párroco de La Asunción, afirma ver con tristeza cómo se intenta destruir lo creado durante decenios por los jesuitas, por las Clarisas, por las enfermeras y los profesores e, incluso, se llega a afirmar por quienes muestran al público el interior de la Laboral que en la iglesia nunca llegó a haber culto religioso. «Me extraña que sea por desconocimiento -señaló ayer Eduardo Jiménez- y, en cualquier caso, me molesta que se hagan afirmaciones de esa índole que denotan una ignorancia total de la historia. El culto en la Laboral siempre estuvo vinculado al internado, donde llegó a haber más de 1.100 niños, y es cierto que cuando éste fue desapareciendo, la actividad religiosa lo hizo en la misma proporción, pero siempre hubo culto de forma esporádica, eso sí, hasta que nos echaron».
Abundando en el asunto Eduardo Jiménez recuerda que antes del Concilio Vaticano II los sacerdotes tenían obligación de oficiar una misa diaria y en la Laboral había 27 jesuitas. «Hubo una época en la que los chavales tenían misa diaria. Fue hasta 1968. Era casi un noviciado. Incluso en Semana Santa llegó a haber procesiones con una gran solemnidad. No me explico que ahora se pretenda tapar todo esto, incluso las 1.289 bodas que allí se celebraron desde 1958 hasta 2005».
Respeto mutuo
Sobre la situación creada en la actualidad con la pretendida desacralización del templo, el párroco de La Asunción asegura que «lo que existe es una falta de respeto y de consideración de la autoridad civil a lo que está establecido en las normas y en las leyes. Parece que nadie se acuerda de la orden ministerial del 6 de agosto de 1980, donde se regula la situación de los lugares de culto en los centros escolares. En la iglesia de la Laboral, con una evidente falta de estilo, se olvida que hay cinco altares, con sus correspondientes reliquias, y no se puede entrar por el sistema de 'aquí mando yo y hago lo que me da la gana', aunque sólo sea por respeto a los centenares de personas que han trabajado en este centro durante decenas de años, con los que no se ha tenido la menor consideración».
El párroco de La Asunción cree que las cosas se podían haber hecho de otro modo, con lo que denomina «respeto mutuo», y lamenta que nadie del Principado se pusiera en contacto con los responsables de la Laboral para, al menos, mostrarles eso, su respeto, antes de entrar en el recinto e, incluso, les informaran de los pasos a dar dentro del mismo. «Yo mismo, en su momento, tuve que decirles a muchas parejas que se querían casar en la iglesia que se buscaran otro lugar porque, suponía, aquí no podrían ni entrar. Nadie habló con nosotros para nada. Luego, las obras, las vallas, el estado de las escaleras y demás ya nos obligaron a suspender toda actividad religiosa», recuerda Eduardo Jiménez.
Tiene estadísticas del número de alumnos que asistían a las misas y le quedan en el recuerdo aquellas ceremonias dominicales que celebraba a las 10.45 horas en punto para los jóvenes internos del centro. Todo ello fue languideciendo con el paso de los años y los nuevos planes de enseñanza. De todas maneras, a Eduardo Jiménez no parece que sea tan fácil borrarle los recuerdos. Treinta años dan para muchos.