En mayo, tópico mes de las flores, florecen también ese par de capullos poéticos llamados Monchu el Liras y Pixín el Rapero. El primero lo hace en su faceta de rapsoda y el segundo le da la réplica en su condición de cantante de rap, improvisador de letras y músicas.
El último duelo entre la pareja lo inició Monchu mediante una rima a la manera de Bécquer:
-Hoy por fin me miraste. No hay contento / para mí que compense tal dulzura. / Ni un ápice te miento, / criatura: / diera por repetir aquel momento, / que hizo primavera de mi invierno, / ni alma de Lucifer para tormento / eterno en las llanas del Averno.
-¿Sólo por una mirada / darías tu alma, Monchín? / Pues ya no te queda nada / que cambiar por un polvín- fue la primera intervención del rapero. Más el rapsoda no se dio por aludido y continuó a lo suyo:
-¿Fue aquello realidad? Si es tal mi suerte / repite, por favor, esa mirada / o de no hacerlo así, dame la muerte; / y si fue un sueño, ¿prenda idolatrada! / si fue un sueño... ¿por Dios qué no despierte!
Pixín aumentó el ritmo que sus manos arrancaban a la barra del chigre transformada en instrumento de percusión y, al tiempo que movía hombros y cadera cadenciosamente, cantó:
-Por una mera mirada / de los ojos de una prenda / poco daría mi menda, / por no decirte que nada. / Mas matizaré no obstante: / si en vez de miradas tiernas / fueran guiños insinuantes / de apertura de piernas... / ¿Entonces sí que hasta puedo / hacerme del Real Oviedo!
Monchu reaccionó ante tamaña procacidad, tan alejada de sus raptos de lirismo, y miró furibundamente a su rival. Luego bajó la métrica de sus versos, aunque no la calidad (¿sería ello posible?):
-Lejos de ti, en la umbrosa / selva que esmaltan las flores, / de canoros ruiseñores / oigo la trova amorosa. / Pero si el ave / canta en la selva / los tristes ayes / de su pasión, / su tierno canto / y sus querellas, / como el suspiro son de tu amor.
-Tu amor por esa mujer / me recuerda a mi otra ave / que mucho mejor me sabe / y ahora me voy a comer. / ¿Su pechuga o la de ella?... / ¿Mejor de pitu caleya!- concluyó Pixín.