El mundo agrario debería estar de enhorabuena. Seis años después de la inculpación pública a determinados agricultores y altos cargos de la administración en el caso del lino, han sido absueltos por el poder judicial.
A algunos les costó su trabajo, a otros la salud y a quien menos, sufrir la desconfianza de la opinión pública y de su propio entorno. El juicio paralelo que se realizó sobre este asunto perjudicó una vez más a la imagen del agro español. Ahora todo queda superado y se olvidará pronto; pero el campo no debe olvidar. Puede ser comprensible que la sociedad se posicionara en contra de estas personas; sobre todo después del tratamiento a bombo y platillo del asunto, de la siempre fácil operación político-comercial de estigmatizar a gente poderosa y de la auto-presentación de determinados políticos como salvadores de la honra española y defensores de la justicia. A los afectados y a sus familias nadie les va a compensar, ni siquiera se va a intentar. Lo que no es comprensible es que los responsables de esta caza de brujas no intenten, al menos, compensar el daño que se hizo al campo español. Hay que resaltar que la sentencia de la Audiencia Nacional expone que era innecesario salirse de los procedimientos administrativos dado la suficiencia de los datos de que se disponía. Sin embargo, acontecimientos como la quema de algunos almacenes levantaron alguna sombra de dudas. En cualquier caso, se debería dar una explicación y mostrar sin ambigüedades que el sector agrario español es, salvo deshonrosas y minoritarias excepciones, honrado y profesional. Pero una vez más, nuestro agro tendrá que esperar sentado, o más bien trabajando, que es lo que sabe hacer.
En otro orden de cosas, esta semana se celebra el primer salón de la sidra de calidad, Sicer 2007, en Gijón. Nace con polémica, ya que solo podrán acudir a este encuentro los productores amparados por marca de calidad. La Asociación de Sidra Asturiana ha manifestado su descontento ya que entiende que fuera de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Sidra de Asturias existen gran cantidad de bodegas que elaboran producto de alta calidad. La administración pública incentiva a aquellas empresas acogidas a estos indicativos porque garantizan de forma no excluyente la calidad del producto. Lo mismo pasa con el vino. Sin embargo, también se producen los grandes pagos, de muy alta calidad, que no pertenecen a ninguna denominación de origen. Algo parecido sucede con los aceites de oliva virgen extra, donde la recolección, la molturación y el envasado se producen en una misma finca y esto les da un valor añadido de calidad. Estos vinos y aceites se presentan en ferias y eventos junto con los que pertenecen a denominaciones de origen, pero de forma diferenciada. Parece lógico. El problema es dónde se pone el límite al concepto de «calidad», en particular en una muestra cuyo nombre deja claro su objetivo. MÁS INFORMACIÓN SOBRE EL CAMPO en EL PROGRAMA LA TRILLA (FM 97.9 DEL DIAL). DOMINGOS DE 8 A 9 HORAS