El cementerio de peregrinos nunca ha sido un lugar luminoso y ahora lo es menos. Las obras de ampliación del Museo Arqueológico 'invaden' el pequeño jardín entre la girola de La Catedral, la cabecera de la Cámara Santa y la trasera del antiguo Monasterio de San Vicente, sede del centro museístico en obras. El olivo, que, según la tradición, llegó del huerto donde oró Jesús antes de su Pasión, lame los andamios del nuevo edficio museístico. El proyecto prevé, incluso, que una salida, una escalera de emergencia, del Arqueológico baje hasta este lugar.
El cementerio de peregrinos no es la única zona afectada por la ampliación. En el interior de las naves de la Catedral, la oscuridad invita al recogimiento y últimamente más. La ampliación las ha dejado un poco más en penumbra al restar horas de luz a las magníficas vidrieras góticas del altar mayor. Sobre todo al amanecer, debido a la orientación Este-Oeste, tan habitual y simbólica en los templos cristianos.
El Arqueológico formaba parte del Monasterio de San Vicente, como la iglesia de Santa María Real de La Corte y la que hoy es facultad de Psicología. Lo único que hoy sigue siendo del Arzobispado es la iglesia de San Vicente, parte de La Corte. La Facultad es de la Universidad y el resto, del Ministerio de Cultura, el responsable de la obra que, según anunció la ministra, Carmen Calvo, estará acabada a finales de año.
Ampliación
La Unión Temporal de Empresas Construcciones Alfredo Rodríguez S.L. y Técnicas de Arquitectura Monumental, S.A. se encarga de las obras. Costarán 6,2 millones de euros y que supondrán un importante aumento de los espacios expositivos del museo, que pasará a sumar 5.600 metros frente a los antiguos 2.700.
¿El crecimiento adecuado era hacia la Catedral? El experto en historia medieval, Ignacio Ruiz de la Peña dice que no. «La prolongación natural era por el Monasterio de San Vicente», es decir por la Facultad de Psicología, antes de Geografía e Historia. De esta forma no se hubiera 'invadido' da Catedral.
Cordialidad
Para la Consejería de Cultura, la responsable en la región de la obra, no se trata de una invasión. Para el Cabildo, la cosa no está tan clara.
La Comisión de Patrimonio del Principado aprobó las obras. En ella, está presente la Iglesia que dio el visto bueno a los trabajos después de cuatro plenos destinados exclusivamente a hablar del futuro museo.
De cara a la opinión pública, todo es cordialidad. «El Ayuntamiento concedió la licencia y el edificio se ajusta a la normativa, así que no tenemos nada que decir», cierra el vicario general, Juan Antonio Menéndez. Pero dentro de San Salvador, la situación es bien diferente. El deán, Ángel Pandavenes, ha expresado a este periódico su malestar por la situación, aunque se resigna «porque ya no se puede hacer nada». «El daño a un monumento Patrimonio de la Humanidad, está hecho».
El responsable del Patrimonio artístico del seo, José María Hevia, ya no es tal. Dejó su cargo en setiembre, entre otras cosas, por su disconformidad con el silencio del Arzobispado ante las obras. Ahora ocupa su puesto Agustín Hevia. Todos quieren ser prudentes, pero lamentan que no se les haya tenido en cuenta como vecinos. Y unos vecinos de bastante consideración.
El director general de Cultura, Carlos Madera, dice que hay sintonía y colaboración «total y absoluta» y que lo relevante es que «va a haber un gran museo» con carácter didáctico. Actualmente el Ministerio y la Consejería trabajan en qué albergará cada espacio. Mientras, los canónigos miran hacia arriba, o hacia abajo, depende de donde estén, y ven que la sombra del Arqueológico es cada vez más alargada.