Paolo Maldini tendrá su ventaja. Dos años después, el eterno capitán del Milan tendrá la posibilidad de jugar su octava final de la Copa de Europa y vengarse de la derrota sufrida hace dos años por el Liverpool. El Milan barrió al Manchester United de una forma contundente, sin apelativos, gracias a su pegada y a la desaparición de Ronaldo, Giggs y compañía.
Los italianos no podían imaginar que la semifinal contra el Manchester fuera tan fácil. No entraba en los planes de Carlo Ancelotti que Ferguson fueran a dar tantas facilidades, tanto en el planteamiento como en la lectura del duelo.
La defensa del equipo inglés era una pantomima, sobre todo en el costado izquierdo. Vidic y Heinze no se enteraban de nada. Kaka sólo tardó un minuto en romperle la cintura al defensor serbio; Seedorf se demoró otros 60 segundos en probar los guantes de Van der Sar. Y entre los dos fabricaron el primer tanto sin ningún problema. Por el costado derecho, el holandés dejó de cabeza para que el brasileño marcara su décimo gol en 12 partidos.
No se conformó con el gol de Kaká y busco el segundo, que llegó en otro regalo de la defensa. Vidic se resbala, Heinze no puede despejar, el balón llega a Seedorf que fusila a Van der Sar.
Los ingleses se fueron al ataque con su presión y sus balones colgados, pero Ancelotti tenía una bala en la recámara para acabar con el encuentro. Sacó del banquillo a Gillardino. Su pupilo no le falló y le dio la puntilla al Manchester.