Hay momentos que tienen un simbolismo especial. Que el destino haya querido hacer coincidir la despedida de Argentina con el primero de mayo tiene que tener algo especial. Seguro que si ella hubiera podido elegir la fecha habría elegido ésta, por todo lo que la lucha contra la explotación significó para ella. Quizás el azar en el que tanto confiaba le quiso hacer un último favor.
Recordaremos siempre a Argentina como la mujer luchadora y tenaz que ha vivido con intensidad. Una mujer que ha dejado su marca en la vida. Una mujer que ha creído siempre en la justicia y en la libertad. Que se comprometió desde niña con lo que creía, que recorrió las Cuencas y una parte de Asturias contando con pasión sus ideas. Lo hizo cuando eran pocas las mujeres que hacían política y cuando era muy difícil para las que lo intentaban. Pero ella no se paraba porque las cosas fueran difíciles. Allá por los años 30 participó en mítines, manifestaciones y reuniones para explicar lo que era el socialismo que ella había aprendido en la Casa del Pueblo de Sama desde que tenía 16 años.
Cuentan que aquéllas eran veladas en las que se entremezclaban el teatro, la poesía y la ideología. Veladas en las que Argentina recitaba los poemas que nunca olvidó de Miguel Rodríguez Seisdedos. Veladas en las que cosechaba verdaderos éxitos con sus propias composiciones, de tan humano contenido y recitadas con tal acierto que, según cuenta Avance, Argentina escuchaba «atronadoras ovaciones de vítores y aplausos». Argentina era la rapsoda a la que Matilde de la Torre elogiaba llamándola la Berta Singerman.
Explicaba el socialismo junto a otras mujeres comprometidas como Pura Tomás o Selina Asenjo. Querían liberar a los trabajadores y a las mujeres. Querían romper las cadenas de la explotación con la fuerza que daba la unión de todos los que sólo se tienen a sí mismos.
La unión de los que no tienen nada que perder. La unión de quienes saben que sólo juntos pueden conquistar derechos. La unión de quienes quieren educación y cultura además de trabajo. La unión de quienes quieren justicia y no caridad.
Tuvieron éxito en su afán e hicieron que más y más jóvenes se afiliaran a las Juventudes Socialistas. Todo se acabó cuando el fantasma que recorría Europa quebró aquella joven República que tantas esperanzas había generado entre los más humildes. El fin de la Democracia fue el inicio de la represión, de la persecución de los paseos por la noches de los juicios secretos. Argentina fue condenada a muerte en uno de esos juicios de mentira amparados en una legalidad ilegitima. Sólo su habilidad y la 'suerte' de estar esperando un hijo le salvó la vida, a cambio de otra condena: la cárcel lejos de los suyos, el destierro y la separación del hijo de sus entrañas.
La vida en el penal fue dura, pero Argentina era la que daba ánimo a las demás. Para que nadie decayese utilizó las mismas peligrosas armas que había utilizado antes para difundir el socialismo: buen humor, poemas, el cantarín a tiempo y su decidido empuje. Y cuando sale del penal... no puede volver a casa. Es el destierro. Sólo después puede volver a la Cuenca, cerca de la Casa del Pueblo de Sama, para reiniciar su vida.
Empezar otra vez con ánimo, con alegría, con generosidad y con orgullo. Pasando página, pero sin cambiar de libro, porque las causas de su lucha, la libertad y la justicia, siguen presentes como siempre.
Cuenta en uno de sus poemas que dudaba que aquello llegase a cambiar alguna vez. Pero después de tantos años de privaciones en todos los ámbitos, su lucha y la de tantos otros hicieron posible que llegase la libertad a España. Disfrutó de ella y siguió viviendo la libertad y la independencia. Quizás porque fue su independencia la que le permitió vivir siempre en libertad.
Ésta es la gran riqueza del legado de Argentina: el inmenso gusto por vivir la vida, por disfrutarla, por no dejar pasar un instante sin vivir con sentido, con ideales, luchando por lo que merece la pena: por la libertad, por la justicia, por el Socialismo. Argentina escribió:
«Y pedirnos que vosotros / no nos tengáis en olvido / y recojáis los claveles / que brotan ya florecidos / rojos como aquella sangre / símbolo del socialismo».
Güelita, somos tu memoria.