Los equipos de rescate continuaron ayer la minuciosa búsqueda entre los escombros del edificio destruido en Palencia por una explosión de gas para tratar de dar con los dos desaparecidos: Eduard D., un inmigrante rumano de 23 años y Petra Rastrilla, una anciana de 88. Los bomberos combinaron la excavación con grúas y palas con el desescombro a mano, más cuidadoso, para tratar de dar con las víctimas ante la posibilidad -ya remota- de que continúen con vida. La ausencia de todo rastro contribuyó a alimentar las dudas incluso sobre la presencia de estas víctimas bajo los escombros: un helicóptero llegó a sobrevolar a muy baja altura los edificios colindantes para descartar que hubieran sido despedidos hacia alguna azotea.
Descartado este extremo y concluidas prácticamente las labores de desescombro, los operarios comenzaron a peinar las más de 500 toneladas de materiales trasladadas desde el inmueble siniestrado hasta el estadio de La Balastera para tratar de dar con alguna pista de los desaparecidos. Al cierre de esta edición, por tanto, continuaba la terrible incertidumbre para las dos familias que no saben si añadir el nombre de sus seres queridos a esa negra lista de siete fallecidos.
Como los allegados de Eduard D., que esperaban frente a la entrada al depósito municipal de vehículos con impaciencia, con lágrimas. «Estaban en su semana de suerte, les habían concedido el coche», se lamentaba una amiga de Juliana, la joven colombiana pareja de Eduard, con quien vivía en el 1ºA del portal número 2. La mujer está ingresada. Al parecer, la pareja, que se habían conocido por amigos comunes, se había comprado el piso hacía un año. El joven rumano había llegado a España hacía seis y se dedicaba a la construcción, según explicaron su padre y un hermano, llegados de Madrid.
A su lado estaba también un nieto de Petra Rastrilla, la mujer de 88 años también desaparecida, que no albergaba ya esperanzas de rescatar con vida a su abuela. El joven contaba cómo la anciana, viuda, llevaba viviendo en el piso «desde hace más de 40 años», al tiempo que descartaba que la mujer pudiera no encontrarse en la casa en el momento de la explosión. «¿Si solo salía por las mañanas a hacer la compra!», apuntaba.
Las tareas de desescombro habían permitido retirar a media tarde más de 500 toneladas de cascotes, según señaló el jefe del Parque de Bomberos de Palencia, Andrés Redondo. La labor se desarrolló durante todo el día, desmontando de arriba a abajo el inmueble, por capas. El responsable de la Unidad Canina de Rescate, Álvaro Martínez, incidía en la dificultad que entrañaba el hecho de que el agua de las mangueras, en contacto con los cascotes, la arena y el cemento, había convertido la zona en un barrizal y tapaba los huecos para que olieran los perros. Los animales llevaban las patas vendadas, quemadas por las altas temperaturas. «Se han llegado a alcanzar hasta 500 ó 600 grados», aseguró Martínez.
La niña mejora
El origen de la explosión de gas que produjo el derribo del edificio podría localizarse en el tercer piso, aunque los peritos deberán determinar ahora si la acumulación de gas estaba en esa zona del inmueble o en los sótanos, según confirmó el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, que visitó la zona. Ningún responsable político ofreció explicaciones sobre las quejas planteadas por algunos vecinos en relación al gas, ni confirmaron el rumor de que el edificio no había pasado la inspección técnica. El ministro avaló la seguridad de las redes de suministro de gas en España y calificó el suceso de Palencia como un «accidente excepcional».
Algunos vecinos acudían al Juzgado de Instrucción número 4 de Palencia para presentar las denuncias con que compensar las pérdidas materiales, aunque el contenido de los documentos presentados por la vía judicial no pudo ser demasiado preciso. Y para intentar que el paso del tiempo no borre el compromiso de las administraciones, varios afectados contactaron para crear una asociación.
La buena noticia la puso la pequeña Nerea, la niña de 6 años en estado muy grave. Afortunadamente, la menor experimentó una «evolución favorable», aunque los médicos se remitieron a un plazo de 48 horas más para ofrecer un diagnóstico definitivo sobre los efectos del grave traumatismo craneoencefálico que sufre. Mientras 26 vecinos fueron dados de alta, 7 ciudadanos continúan ingresados en el Hospital Río Carrión.
Entretanto, cuatro afectados se encontraban anoche realojados en la residencia San José y una treintena permanecían en la Escuela Castilla. Palencia vivirá hoy una jornada de luto especial con el funeral en memoria de las víctimas.