Alfredo Suárez García, propietario de la librería Industrial y Buroteca, falleció ayer a los 80 años al no poder superar la grave enfermedad que padecía en los últimos meses. La ciudad pierde así a uno de sus más históricos comerciantes, que supo compaginar sus negocios con su docencia en el Colegio de la Inmaculada y en la Universidad Laboral.
Casado con Natividad González Rodríguez desde 1947 y padre de cuatro hijos -Mariví, Fredi, Belén y Merche- no llegó a recoger en vida la medalla de honor que el próximo 2 de junio le impondría el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales por su prolífica trayectoria laboral. La entidad le brindará un homenaje póstumo.
Nacido el 21 de julio de 1926 en Gijón, cursó los estudios primarios en la academia Aguirre, muy cercana a su domicilio familiar del paseo de Begoña. Con posterioridad, ingresó en la escuela de Maestría Industrial y comenzó a trabajar como tornero en la empresa Adaro. Continuó su formación académica cursando estudios de Ingeniería Técnica Industrial.
En 1948 inauguró la librería Industrial en la calle de San Bernardo. «Los primeros ejemplares que expuso fueron los suyos propios, los que había utilizado en la carrera», recordaba ayer su hija Belén. El negocio, especializado en libros del sector técnico y en papelería, se convirtió pronto en un referente en la ciudad. Alfredo Suárez García atendía de forma personal a cada comprador y consiguió hacer de la didáctica su forma de ventas.
Logró trasmitir su pasión por el dibujo técnico a muchos estudiantes a los que daba clase en la trastienda de la librería. «Le encantaba la enseñanza y lo hacía de forma gratuita, incluso hasta cuando ya casi no podía coger el lápiz y le faltaba el pulso continuaba dando clase», apunta su hija.
En 1972 abrió el establecimiento Buroteca, también en la calle de San Bernardo, dedicado a la reprografía de planos, fotocopias y mobiliario de oficina. Sus allegados recuerdan su afán por modernizarse y por mantenerse al día en las novedades del sector. «Alfredo fue el encargado de introducir el 'planning' en muchas empresas asturianas, fue un gran luchador y emprendedor», explicaba ayer su cuñado, Antonio Martín Tolosa.
En 1945 fue galardonado con el premio Justo del Castillo por su profesionalidad y en 1998 celebró los cincuenta años de la librería en un homenaje encabezado por el entonces alcalde de Gijón, Vicente Álvarez Areces.
Hasta sus últimos días residió junto a su mujer en su domicilio de la calle de Covadonga. «Compró ese piso hace muchos años porque le traía muchos recuerdos, allí era donde de pequeño iba a hacer los deberes con los amigos porque decían que las escaleras hacía fresco», recordó ayer su hija Belén. El funeral por su eterno descanso tendrá lugar hoy en la iglesia de San Lorenzo a las 17.30horas. Recibirá sepultura en Ceares.