El hombre y el oso no han vivido nunca, salvo en la prehistoria, en total armonía. En la Edad Media los nobles convirtieron al plantígrado en su pieza cinegética favorita. A partir del siglo XVI se liberalizó la caza de osos, se incentivó su exterminio mediante la 'talla de fieras' -un sistema de recompensa económica- y comenzó su persecución que ha durado hasta bien entrado el siglo XX. Esta evolución histórica es la que muestra desde ayer y hasta finales de mes la exposición 'Humanos y osos, una historia paralela'. La organiza la Fundación Oso Pardo y la Obra Social de Caja Cantabria y puede verse en el dos salas pequeñas expositivas del patio del Edifico Histórico de la Universidad de Oviedo.
Cuenta la historia desde el principio, cuando convivieron el hombre del Neandertal, el de Cromañón, el oso cavernario y el pardo. Aunque sólo dos sobreviven, quizá las más fuertes. Varios paneles explicativos describen las características de cada una y su modo de vida. Ayudan al visitante a interpretar la historia. Pero, sin duda, lo más llamativo son dos grandes osos, réplicas a tamaño real del pardo y el cavernario. El primero es conocido, al menos a través de fotografías; el segundo tenía una giba, la cara ancha, el morro chato y, según la reproducción, bastante pelo.
En esta primera sala pueden verse también varios cráneos de osos de las cavernas originales y huesos fósiles provenientes del yacimiento alemán de Taubach. Allí, el hombre sí comió osos. En los huesos, hay marcas de corte, lo que significa que «fileteaban» la carne, explica Fernando Ballesteros, uno de los responsables.
Que la muestra haya podido contar con estos originales se debe a la colaboración y al asesoramiento del equipo investigador del yacimiento de Atapuerca. Ellos también han participado en la elaboración de dos vídeos inéditos que también pueden verse en el Edificio Histórico y que cuentan cómo ha sido la relación del hombre y el oso.
En esta primera sala se explica la parte amable de la historia. En la segunda, la más cruel. Comienza en la Edad Media. Al principio, lo idolatran y lo protegen. Sólo lo podían cazar los nobles, y lo hacen con un chuzo. Una punta de lanza de uno original encontrado en Liébana se incluye en la muestra. Esta arma se considera valerosa y cuenta con una cruceta que impide que penetre excesivamente en el animal, según cuenta el 'Libro de la montería' de Alfonso XI.
El declive de la nobleza en el siglo XVI y el alza de la ganadería instauran la persecución del animal. Aparecen las armas de fuego y las primeras retribuciones por su muerte.
La persecución y la pérdida del hábitat provocó prácticamente su desaparición en el siglo XIX. En el XX su caza pasa a tener un carácter deportivo, volvía a ser un trofeo. Trofeo para unos y destructor para otros, los osos siguen muriendo a pesar de que la sociedad está cada vez más concienciada de su conservación.
A finales de los 90 hubo una crisis; la última. Ahora viven unos cien ejemplares en Asturias. y si «conseguimos unir a las poblaciones del oriente -donde habitan unos 20 más- y el occidente garantizaremos su supervivencia», auguró Carlos Nores, vicepresidente de la Fundación Oso Pardo. Para ello propuso crear «pasos de fauna sobre la A 66» para que consiga cruzar Pajares. El reto es que lleguen a Caso. Sugirió crear un «camino» descendiendo a través del Huerna, «y por una zona entre Lena y Caso».