YA de pequeño, con 8 o 9 años, Alfredo Suárez García demostraba su vocación empresarial. Cuando venía un tío de él a Gijón y les daba a sus hermanas un real de los de la época (1936), para que comprasen caramelos, Alfredo cogía una cuartilla de papel blanco y la cortaba con unas tijeras en trozos pequeños, y con una grapadora unía las hojas y les daba una libreta a cada una. Les decía que era mejor que el caramelo de anís que iban a comprar.
Alfredo Suárez Estudió Primaria en la academia Aguirre, que estaba muy cerca de su casa, en el paseo de Begoña. Como le gustaba aprender de todo, un día se presentó en una carpintería que había en La Guía, para empezar como aprendiz. Se le daba tan bien que empezó a hacer tablas para lavar la ropa, de aquellas que iban ranuradas, y también construía mesas-camilla.
Más tarde, comenzó a estudiar Maestría Industrial, colocándose como tornero en Adaro, en la calle de Magnus Blikstad. El torno en que trabajaba era de revólver y se pasaba días enteros haciendo puntas para las peonzas, entre otras cosas.
Luego, inició los estudios de perito industrial, terminando la carrera en el año 1952. Antes, en 1948, inauguró la Librería Industrial. En aquellos años no había en Gijón comercios que se dedicasen a libros técnicos y material de dibujo, algo paradójico en una ciudad con abundantes fábricas y talleres y, sobre todo, con una escuela de Peritos y Maestría Industrial. Los primeros libros que expuso fueron los suyos propios, colección de técnico mecánico, hasta que fue recibiendo los de las editoriales. Vendía libros para la carrera, estuches de dibujo, tiralíneas (que se afilaban, cuando tiraban mal, con piedra de ágata), compases, bigoteras, cartabones, escuadras, tinta china, lápices... Alfredo acertó en dicho negocio, donde trabajó su esposa Naty y del que actualmente están al mando sus hijas.
Alfredo siempre nos recomendó bien los libros adecuados para estudiar, así como el material de dibujo para hacer nuestras láminas. Y hablando de láminas, entre 1945 y 1955 teníamos que hacer manualmente con el tiralíneas y las plumas de rotular los formatos Din A4 o Din A3, y a él se le ocurrió que podría fabricarlas en imprenta, ahorrándonos un tiempo muy importante para otros menesteres.
Más tarde, en el año 1972 fundó Buroteca, dedicada a fotocopias, repografía de planos y mobiliario de oficina.
Alfredo formó parte de la dirección de los libreros de España, haciendo muchos viajes al extranjero, sobre todo a Alemania, donde se fabricaban cajas de dibujo, mesas para delineantes, despachos y sobre todo papel vegetal, tan importante para nuestra carrera.
También fue profesor de dibujo de la Universidad Laboral, (donde preparó a varios estudiantes para ir a Alemania a competir en delineación), de la Inmaculada y de la academia Sánchez Lorenzo, con muy buenos resultados para los alumnos, tanto, que algunos decidieron continuar por las carreras técnicas. Fue un gran luchador y emprendedor: ya en el año 1945 se le concedió el premio Juan del Castillo, cuando estudiaba Maestría Industrial, y en 1998 se le entregó una placa de plata, de manos de don Manuel del Castillo, en un acto celebrado en la Escuela de Maestría de Gijón.
En 2001 recibió un merecido homenaje, con entrega de una placa por la alcaldesa, Paz Felgueroso, en reconocimiento a los más de 50 años de actividad de la Industrial.
Antonio Martín Tolosa es cuñado de Alfredo Suárez