El generoso escote de una violinista ha puesto de manifiesto en la cumbre de Sharm el Sheij que aún queda un largo camino por recorrer hasta que Estados Unidos e Irán puedan sentarse en la misma mesa. Durante una cena para diplomáticos la noche del jueves, la delegación iraní, encabezada por su ministro de Exteriores, Manuchehr Mottaki, abandonó súbitamente la sala con la excusa de que una violinista que amenizaba la velada vestía de manera inapropiada. El arrebato iraní no pasaría de una simple anécdota si no fuera porque a Mottaki le había tocado sentarse justo enfrente de la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice.
Estados Unidos sólo ha conseguido arañar una reunión informal de expertos de su archienemigo Irán, a pesar de sus intentos por forzar un encuentro de alto nivel. Bagdad también ha presionado durante la cumbre para que ambos países limaran asperezas e iniciaran un diálogo, que considera fundamental para poner fin a la inestabilidad en Irak, alimentada por las tensiones entre Washington, Teherán y Damasco.
Rice sí logró, no obstante, reunirse durante la primera jornada de la cumbre con su homólogo sirio Walid al-Muallem, el encuentro de más alto nivel en los últimos cuatro años, donde consiguieron flexibilizar posiciones para avanzar en la reconstrucción de Irak.
Todo esto supone un importante giro en la política de Washington, que se había negado rotundamente hasta ahora a mantener conversaciones con sus ovejas negras en la región, Siria e Irán, a las que ha aislado política y económicamente. Pero las presiones para salir de Irak con la cabeza medianamente alta, que pasan por el apoyo fundamental de estos dos países en la reconstrucción del país, han obligado a la Administración Bush a cambiar de opinión.
Medidas
Pocas medidas concretas han visto la luz en la cumbre de Sharm el Sheij, que ha reunido en este enclave turístico egipcio a delegaciones de más de 50 países y a una decena de organizaciones internacionales.
Se ha hablado sobre todo de «reconciliación nacional», y el comunicado final ha pedido al Gobierno chií encabezado por Nuri al-Maliki que concrete medidas para evitar la discriminación de los suníes en la política y en la repartición de la riqueza del país.