LAS elecciones presidenciales que se celebran mañana tienen en esta ocasión la particularidad de realizarse cuando la V República francesa, nacida en 1958, está a punto de cumplir cincuenta años de vida. Medio siglo es un tiempo significativo de vida política que, en particular en Francia, supone uno de los periodos de continuidad institucional más duraderos de su agitada historia; sólo superado parcialmente por la III República (1875-1940), si bien en este caso la continuidad política se vio interrumpida durante la I Guerra Mundial.
A lo largo de este último medio siglo de vida de la V República, cinco han sido los presidentes que se han sucedido al frente de la jefatura del Estado: su fundador y principal artífice, Charles de Gaulle (1958-1969); su sucesor y hombre de confianza durante el primer periodo, George Pompidou (1969-1974), fallecido prematuramente antes de finalizar su mandato; Valéry Giscard d'Estaing (1974-1981), François Mitterrand, durante dos mandatos (1981-1995) y Jacques Chirac, también durante otros dos, (1995-2007). Nicolas Sarkozy o Ségolène Royal se convertirán, a partir de mañana, en el sexto presidente/a de la V República.
Desde su fundación, a finales de la década de los cincuenta, la V República se configuró institucionalmente como un modelo muy singular, combinando algunos elementos propios de la forma de gobierno parlamentaria con un acusado sesgo presidencialista, de acuerdo con el diseño que hizo su fundador, el general De Gaulle. Es precisamente este predominio de la institución presidencial en el sistema político de la V República lo que confiere a las elecciones presidenciales una relevancia muy superior a cualquier otra -legislativas, regionales, cantonales, municipales o europeas-. Puede afirmarse, sin riesgo a equivocarse, que las elecciones presidenciales son el acto más importante de la vida política francesa cada cinco años.
La importancia central de las elecciones presidenciales no debe hacernos perder de vista que, en esta ocasión, van acompañadas de comicios legislativos, a celebrar en el mes de junio. Esta coincidencia es el resultado de la reforma constitucional realizada recientemente, bajo el anterior mandato presidencial de Chirac, instaurando el 'quinquenato' -reducción del mandato de siete a cinco años- para sincronizarle con el periodo de duración de la legislatura parlamentaria, también de un lustro.
Una consecuencia de esta sincronización de los periodos de mandato presidencial y parlamentario, y de la proximidad en el tiempo de las elecciones presidenciales y a la Asamblea Nacional, es la posible influencia mutua de ambos procesos en el comportamiento del electorado en cada uno de ellos. En este sentido, es preciso reseñar que las expectativas de las próximas elecciones a la Asamblea Nacional, en las que el comportamiento del electorado no coincide exactamente con el de las presidenciales, puede influir en éstas decantando a un sector de los electores a favor de una u otra de las candidaturas al Elíseo.
Se trata de un factor que es preciso tener en cuenta ya que, en estas elecciones más que en otras, junto a las dos opciones representadas por los dos actuales aspirantes a la presidencia, existe una tercera con notable respaldo del electorado en la primera vuelta (18,5%), cuyos votos son necesarios a ambos candidatos y cuyo comportamiento por parte de los electores, decantándose a favor de una u otra candidatura, puede variar en función de las expectativas para la elección de los diputados a la Asamblea Nacional.
Por último, estas elecciones, sea cual sea el resultado, van a abrir un nuevo periodo en la evolución de la V República como consecuencia del acceso a su cúpula dirigente de una nueva generación política. Sarkozy y Royal, ambos nacidos en la década de los cincuenta, la misma en la que nace también la V República (1958), comparten su pertenencia a la misma generación y su distanciamiento, no sólo biológico, con quienes les precedieron en el seno de sus propias formaciones políticas. Desde el punto de vista institucional, tiene interés saber si el nuevo periodo que se abre con la llegada de la nueva generación nacida con la propia V República va a suponer la prolongación de su continuidad institucional o, por el contrario y como reclaman ya algunos, la apertura de un proceso de cambios orientados hacia la gestación de la VI República.