Sábado, 5 de mayo de 2007
Registro Hemeroteca

en

OPINIÓN

OPINIÓN ARTICULOS
'Curtura' y 'Banguardia'
LO reconozco: llevo muy mal lo de las modas. Será la edad, que hace a uno más escéptico ante los cambios (no se fíen de la foto, que la retoca el mismo manitas que hace los carteles electorales: yo, por ejemplo, estuve en el bautizo de Matusalén). El caso es que, claro, tantos años condenando al olvido a la Universidad Laboral por su condición de símbolo del franquismo, que ahora no acabo de verlo como bazar en el que cabe todo, uy, perdón, quería decir 'Ciudad de la Cultura'.

Y es que pocos edificios tan grandes han sido tan invisibles durante décadas. Poco acabó quedando de aquel templo del saber donde los relamidos gemelos de 'La gran familia' iban a estudiar, y su padre les recomendaba que se compraran un paraguas, que Gijón era muy bonito, pero llovía casi siempre (aún me acuerdo del guionista, y de su señora madre).

Pero, volviendo al tema, los estudiantes se fueron, las monjitas también, el teatro casi se vino abajo y aquello pasó de tener ambientación franquista a orientación soviética: todo estaba que se caía. Y no fue hasta una inexplicable conjunción planetaria que volvió a ser de interés.

Así que me tomé con ilusión la vuelta al candelero de la Laboral. Y hasta me hizo gracia que mi ajada cazadora se convirtiera en 'objeto de arte' (cómo son estos modernillos, jeje). Pero poco más entendí. De hecho, fue acceder al ¿nuevo? edificio y ya entrar con mal pie. Le pregunté al guía si nos iban a enseñar los símbolos franquistas -tenía piedras preparadas, incluso, para parecer más 'progre', si cabe- y mi interlocutor me miró con gesto torcido: «¿Símbolos? Aquí lo único que hay son escudos de Asturias, señor». Yo le indiqué que los susodichos símbolos estaban en la entrada y también en la plaza central, donde la iglesia. «¿La qué?» -me preguntó aún más airado- «Aquí nunca ha habido ninguna iglesia, señor». «¿Cómo que no? Si yo he estado alguna vez en » en ese momento, aparecieron dos hombres vestidos de negro con gafas de sol y me hicieron mirarles fijamente a los ojos.

Desde entonces, llevo chaqueta de pana y gafas de pasta, y encuentro atractivo el teatro contemporáneo. Tengo miedo: cualquier día de éstos, me encierran por chiflado.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Master El Correo


Canales RSS