TRAÍAMOS a este lugar, el sábado pasado, una cita de Karl Marx, recogida a su vez por Gamoneda: «La vergüenza es un sentimiento revolucionario». En principio, la afirmación parece incuestionable y, consecuentemente, también que ningún sinvergüenza podría llamarse en puridad revolucionario. La desvergüenza cínica, en cambio, escondida a veces bajo la expresión de «no tener complejos», suele ser condición natural del reaccionario.
Hay vergüenzas de ser pobre y desvergüenzas de ser rico. Ambas explican suficientemente actitudes como el aparentar ante los demás, o la ostentación, o el orgullo de clase o de apellido o de buena familia, o el antiguo «vengo de los godos» del cristiano viejo: en la vivienda, en el automóvil, en la elección de colegio para los niños, en la marca de ropa, en la pertenencia a un club privado... «¿Miserable del bien nacido que va dando pistos a su honra, comiendo mal y a puerta cerrada, haciendo hipócrita al palillo de dientes con que sale a la calle después de no haber comido cosa que le obligue a limpiárselos!» -escribió el moro Benengeli. Muy otro sentido tenía el consejo «abstente de ser pobre con los ricos», que César Vallejo daba a los desgraciados: «Necesitas comer, pero, me digo, / no tengas pena, que no es de pobres / la pena, el sollozar junto a su tumba (...). / Abstente de ser pobre con los ricos, / atiza / tu frío, porque en él se integra mi calor, amada víctima».
A veces, cuando la sinrazón de la vida injusta es excesiva, también la vergüenza toca y hiela el corazón del reaccionario. Unos cuantos días ha tardado don Mariano en responder a la pregunta que una mujer pobre le dirigió en el programa 'Tengo una pregunta para usted': -¿Me puede decir cuánto gana usted? Las palabras de Rajoy fueron movidas por la vergüenza, como si quisiera abstenerse de ser rico con los pobres: -Gano bastante más que los 300 euros que cobra usted. Sin embargo, también llevaban algo de desvergüenza cínica por la sutileza de los verbos elegidos («ganar» es obtener sueldo en un empleo o trabajo; mientras que «cobrar» es simplemente «recibir dinero»). Don Mariano justificó no haber hecho públicos en aquel momento los datos de su nómina: «Me quedé cortado, porque dije cómo le digo yo lo que gano; si me lo hubiera dicho otra persona, se lo hubiera respondido». Después hemos sabido que él gana 8.000 euros mensuales.
Se acerca el día de las elecciones. No estaría mal que al lado del nombre del candidato se pusiera la cifra monetaria que recibirá si resulta elegido. Como estamos en tiempos de tanto-ganas-tanto-vales, el elector tendría la opción de determinar la justa proporción de valía y ganancia de quien desea que le represente en municipios y autonomías.