Carlos Chaouen es un gaditano, madrileño de adopción, que tomó su apellido artístico de una población de Marruecos. Su carrera como cantautor es el producto de búsquedas e influencias coincidentes. Responde al arquetipo de trovador urbano enganchado a la metáfora inquietante y al verso a contrapelo. La música de sus temas está en deuda con el pop-rock de bar alternativo y el flamenco que tira a copla de Juanito Valderrama; los textos, políticamente incorrectos, escapan de la indiferencia y la mediocridad para adaptarse a una métrica subversiva lanzada a quemarropa.
Chaouen no admite dobleces. Es un poeta directo que canta, con voz áspera y mínima teatralidad, canciones de amor, de sexo y de adicciones. La cordura y la perspicacia le llevan a peregrinar, como ausente, del ingenio a la desgana entre rimas ambivalentes y desconcertantes; a descansar en la desesperanza o el placer.
El miércoles, visitó Oviedo para actuar dentro del ciclo de Cajastur 'Música del siglo XX' y ofrecer un concierto acústico casi en solitario. El vallisoletano David de la Plaza, su guitarrista habitual, le acompañó únicamente en un puñado de títulos.
Ante un aforo joven y entusiasta, el músico gaditano repasó las canciones más conocidas de sus cedés 'Universo abierto' y 'Totem'; las canciones de garito y juegos prohibidos que llenan su discografía.
Chaouen supo sacar partido a las esperadas 'Vente', 'Semilla en la tierra', 'Privado', 'Flor de bulevar' y 'Buscando yerba'. Los espectadores menos cohibidos le corearon 'No me canso', 'Corazón', 'Pintando el cielo' y 'A medio pulmón', mientras iluminaban la sala con las fotos de los móviles.
Curtido en los ambientes ruidosos e imprevisibles de los clubes y de los escenarios al aire libre, Chaouen se declaró enormemente sorprendido y halagado ante la acogida respetuosa y cortés que le dispensó el público ovetense durante las dos horas que duró el recital. Pudieron ser más. 'MÚSICA DEL SIGLO XX'
Guitarra y voz: Carlos Chaouen. Guitarra y coros: David de la Plaza. Lugar: Sala Cultural de Cajastur.