Comenzaba Ana Cano, la presidenta de la Academia de la Llingua Asturiana, celebrando la jornada que transcurría, el teatro abarrotado y la entrada merecida de Marta Mori d'Arriba, poeta, investigadora y custodia de la lengua asturiana, en el círculo académico. Cerraba media hora después su discurso institucional del Día de las Lletres hablando de optimismo frente a la normalidad efectiva y real de la lengua vernácula de esta tierra, asegurando que no sólo es necesario sino obligado «treslladar esi optimismu a la sociedá», precisamente ahora que «ta madura pa la oficialidá». Principio y final del acto en el Campoamor rebosaron entusiasmo, pero en el medio de tanta esperanza, la presidenta de la Academia habló de la posible muerte de la llingua.
«L'asturianu enxamás corrió tantu peligru de desapaición como nesti momentu históricu», dijo, dirigiéndose a los políticos en plena campaña electoral, pues a ellos encaminó su mensaje, advirtiéndoles, entre intensos aplausos, que «ensin normalización, la llingua muerre y ello ye una desgracia p'Asturies, porque, ente otres coses, supón qu'Asturies dexa de ser Asturies y hasta nós mesmos dexamos de ser asturianos».
Aseguró Cano, con más firmeza que nunca y vestida con traje regional de los pies a la cabeza, que «la próxima llexislatura va a ser decisiva pa les posibilidaes de sobrevivencia de la llingua». Se juegan los responsables del Gobierno que se formará tras la consulta del próximo día 27 el futuro de su cultura, pues en palabras de la presidenta de la Academia, «una llingua namái ye normal cuando tien valir xurídicu».
Para afianzar argumento hizo recorrido de realidades que demuestran la fisura entre «lo que diz la llexislación n'usu y la so puesta en práutica» o lo que es lo mismo la falta de políticas certeras, más allá de las voluntades verbales, que eviten el descenso de asturianoparlantes. La distancia al fin entre la normalización verbal y la efectiva, que se pedía ayer con tanta fuerza como la propia oficialidá.
Pero no todo fueron peticiones y lamentos. En el acto de ayer, única Asamblea Extraordinaria que la Academia de la Llingua celebra con público, hubo tiempo para los agradecimientos y los buenos recuerdos. Unos y otros se los llevaron Ígor Medio y Carlos Redondo, que dejaron la vida en la carretera hace meses y que una vez más fueron puestos como ejemplo significativo de guardianes de la cultura asturiana. Y es que la música, la de ellos y la de cuantos ponen llingua a sus notas, fue definida «como elementu dinamizador de primer orde».
De hecho, el Campoamor fue ayer testigo de una propuesta de la presidenta de la Academia para premiar a quienes «empleguen como ferramienta de trabayu la llingua asturiana» en el campo de la música.
Y mientras anunciaba futuros reconocimientos a los músicos pedía Cano a los escritores que sean conscientes del papel que «xueguen na normalización social», solicitando de sus plumas «que'l resultáu seya impecable, llingüísticamente, y de gran altor, desde la perspeutiva lliteraria».
Y todo esto envuelto en música. Para abrir boca la de la jovencísima gaitera Andrea Fernández Joglar, y para bajar el telón, una esbilla de poemas recitada por Sonia Avellaneda y Próspero Morán y los sones folk de los hermanos Tejedor.