Algo está cambiando en la sanidad pública. Al menos, sindicalmente. El sector sanitario, dominado desde siempre por la unión entre médicos y enfermeros (Cemsatse), inicia estos días una nueva 'legislatura' con un reparto de delegados cuanto menos novedoso, en el que los celadores no sólo tendrán voz y voto, sino que, incluso, en más de un área sanitaria, serán la voz y el voto.
Aunque se sitúan quintos entre todas las fuerzas por el número de delegados, los celadores, a través del sindicato Sicepa, fueron la gran novedad en las últimas elecciones sanitarias, celebradas el 25 de abril. Esta formación, que acudió a las urnas de la mano de Usipa (la unión de sindicatos independientes del Principado, mayoritaria entre el funcionariado), logró cuadruplicar su representación en las juntas de personal en los hospitales públicos al pasar de cinco delegados a veinte. De esa manera, quedan casi a la par de fuerzas más tradicionales como UGT y USAE -auxiliares de enfermería-, y pasarán a gozar de representación en siete de las ocho áreas sanitarias.
El Sicepa es un sindicato relativamente nuevo. Nació hace ocho años en el Hospital Central de Asturias, donde trabaja como celador de quirófano su actual secretario general, Francisco Menéndez, el mismo que el pasado 27 de febrero fue desalojado a golpe de tolete por policías antidisturbios tras un intento de acampada en el vestíbulo del Central para demandar una mejor carrera profesional para el personal no sanitario.
«Nos dan las migajas»
Menéndez, que también ejerce como concejal del PP en Avilés, cree que «el Sespa -Servicio de Salud del Principado- beneficia de forma descarada a los médicos. Al resto de trabajadores prácticamente nos desprecia». El desarrollo profesional fue uno de los detonantes sindicales de la legislatura sanitaria que acaba de concluir. «A nosotros nos han dejado las migajas», asegura. Y es que mientras los médicos y enfermeros cobrarán la totalidad de los nuevos complementos -entre 3.000 y 12.000 euros, según los casos- en el plazo de 18 meses, el resto de la plantilla sanitaria lo hará en tres años.
Modificar los plazos y las aportaciones de la carrera profesional destinada a celadores, auxiliares y técnicos (las retribuciones van de los 650 a los 2.750 euros anuales) es uno de los objetivos del Sicepa, que ahora tendrá representación en la Mesa Sectorial de Sanidad, así como en la de Función Pública. «Es indignante que la Administración se permita el lujo de discriminarnos de esa manera», afirma Menéndez.
Otra de las novedades de las elecciones sindicales del pasado abril es la vuelta, tras diez años de ausencia, de la Corriente Sindical de Izquierda (CSI), que ha logrado sacar una delegada en Gijón. Se trata de Ana García Carpintero, enfermera de la UCI en el Hospital de Cabueñes.
Más democracia
Para esta formación, el principal objetivo será «recuperar las asambleas y las decisiones participativas», una práctica «casi olvidada» en el Área Sanitaria V. CSI tampoco comparte la política de liberados sindicales, que supone un gasto de «80 millones de pesetas al año», apunta su compañero de lista y también enfermero Jesús Álvarez, de la unidad de hospitalización a domicilio. Pero si hay algo que preocupa especialmente a unos y otros es la sobrecarga de trabajo y el envejecimiento de las plantillas. Ana García es muy gráfica al respecto y asegura que «en ocasiones no hay ni tiempo para preguntarle al paciente qué tal está».
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