Cerca de 14.000 personas, según fuentes de la organización, visitaron el primer Salón Internacional del Mar (Simar), clausurado ayer tras cuatro días de actividad. El dato satisface al director de la institución ferial, Álvaro Muñiz, que considera logrado el objetivo de suscitar el interés del público por la náutica y cree que la expectativa abierta requiere que el certamen tenga, al menos en principio, una continuidad anual, hasta que el mercado imponga sus pautas, en el sentido que sea.
De momento, Muñiz alaba la iniciativa de los expositores pioneros, ya que la apertura de una nueva feria es siempre un riesgo que asumieron «con decisión» y que el director de Simar considera compensado, ya que «algunos comerciantes agotaron los folletos que habían traído y eso demuestra que pudieron contactar con potenciales clientes, además de consolidar la relación con los que ya tienen».
Álvaro Muñiz destaca, entre las funciones de Simar, «abrir los ojos» de muchas personas que se sienten atraídas por la náutica y que piensan que es inalcanzable excepto para una minoría económicamente muy pudiente.
Visitar en los últimos cuatro días el recinto ferial ha permitido comprobar, según el director del certamen, que adquirir una pequeña embarcación es similar, en precio y mantenimiento, a un segundo coche. Como ampliar mercado era el objetivo de muchos expositores, Muñiz entiende que la oportunidad de dar a conocer sus productos entre personas ajenas hasta ahora al sector constituye una buena oportunidad de captar clientes.
Embrión
La primera edición de una feria es, a juicio de Álvaro Muñiz, un embrión que sólo se puede consolidar como tal. «Contamos con los expositores más activos, que realizaron una apuesta fuerte, y creo que su esfuerzo no ha sido en vano». Sobre el futuro, el director de Simar aspira a lograr un «crecimiento sostenido. Se puede crecer en espacio y número de expositores, pero lo importante es que el desarrollo sea mantenido. Los niños, cuando son pequeños, es cuando más crecen. Este caso no es como el de la feria de agosto, que ya ha alcanzado un desarrollo difícil de aumentar».
La primera edición de Simar ha tenido tres fases claramente diferenciables, aunque a veces yuxtapuestas. La primera, más técnica unió la feria con el desarrollo de debates sobre la comercialización de la pesca, por una parte, y sobre la contaminación marítima, por otra. El jueves fue el día en que hubo más visitantes técnicos y menos público general.
Para los escolares
El viernes, aunque continuaron los debates, la participación de dos centenares de escolares de distintos colegios gijoneses en talleres sobre consumo de pescado organizados por el Fondo de Regulación y Organización del Mercado de los Productos de la Pesca y Cultivos Marinos, proporcionó al certamen un nuevo espíritu.
La mayor afluencia de visitantes, como era previsible, se produjo durante el fin de semana, es decir, el sábado y el domingo, circunstancia favorecida por el buen tiempo y por el número importante de invitaciones que se habían repartido, si bien el precio ordinario de la entrada, un euro, no se puede considerar disuasorio para quienes tuvieran el mínimo interés en lo expuesto.
Sobre lo menos positivo, Álvaro Muñiz comentó que le hubiera gustado haber tenido una mayor representación del sector de la vela, pero las características de esos barcos, «muchos de los cuales se hacen por encargo», no facilita que los expongan en un salón las empresas que lo construyen o que los venden. El reto de la segunda edición es mejorar lo ofrecido en estos cuatro días.