Jacques Chirac se hizo un lío con las papeletas. Quizá porque, por primera vez en veinte años, ninguna de las dos llevaba su nombre. Fue finalista en 1988, 1995 y 2002, las dos últimas veces elegido. Lo cierto es que le costó separar los boletines de los montoncitos y llevárselos hasta la cabina electoral. En el secreto confesional, se supone que metió dentro del sobre el que ponía Nicolas Sarkozy, su 'hijo rebelde'. Luego votó, seguido en la urna por su esposa, Bernadette. Unos 300 simpatizantes asistieron en la sala de fiestas de Sarran (centro de Francia) al último voto del presidente Chirac.
A los 74 años, al penúltimo mandatario de la escena mundial le quedan días contados. Diez, exactamente. A medianoche del 16 se acabó lo que se daba: cuarenta años viviendo a todo plan a cuenta del erario público en ministerios, palacios y palacetes. En torno a esa fecha habrá entregado las llaves del Elíseo a su sucesor.
El matrimonio Chirac se irá a vivir a un pisazo a orillas del Sena frente al museo del Louvre. De prestado. La vivienda, de 180 metros cuadrados, es propiedad de los herederos de Rafic Hariri, el ex-primer ministro libanés asesinado.
Genio y figura hasta la sepultura política, Chirac ofrece un último quebradero de cabeza a la diplomacia francesa a la que insta a arreglar antes de su jubilación la cuestión del tribunal internacional para juzgar a los asesinos de su amigo. En el terreno personal no se puede descartar que algunos jueces aprovechen su retiro para pedirles cuentas por casos de corrupción congelados por la inmunidad presidencial mientras ha ocupado la jefatura del Estado.
La mudanza de palacio va despacio. El pasado miércoles reunió al personal del Elíseo y a sus colaboradores para despedirse y darles las gracias. Por la mañana, la guardia republicana había bloqueado un par de horas en la puerta de las basuras a dos magistradas que pretendían registrar la oficina de asuntos africanos. Al día siguiente recibió en Berlín el homenaje de Angela Merkel. Mañana preside un desfile, el miércoles suma su último Consejo de Ministros y el jueves inaugura una estatua.
En Sarran, donde el matrimonio posee un castillo, Chirac firmó autógrafos, besó a niños, posó para posteridades domésticas, recibió regalos y estrechó manos, muchas manos, la especialidad de la casa. Bernadette, que asistió en Montpellier al último mitin de Nicolas Sarkozy, ejerció de primera dama sin saber si tendrá relevo en la función honorífica.
Los candidatos
Sarkozy votó esta vez sin la compañía de su esposa, Cecilia, y los rumores de ruptura volvieron a dispararse. El líder de la UMP acudió a su colegio en su feudo de Neuilly acompañado por sus hijastras, Jeanne Marie y Judith, pero sin la madre de éstas al contrario de lo que ocurrió en la primera vuelta. Entonces, 22 de abril, fue la única ocasión en que la descendiente del compositor Isaac Albéniz compareció en público con su marido en toda la campaña. No se les había visto juntos desde la investidura del candidato el 14 de enero. Hasta ahora Sarkozy ha eludido precisar si la familia vivirá en el Elíseo.
Ségolène Royal votó en Melle (litoral atlántico), en su bastión de la región de Poitou-Charentes que preside. Cerca de 400 personas la esperaban a las puertas de una sala municipal, de esta localidad de 4.500 habitantes, a la que llegó andando desde su domicilio. «Estoy bien, espero serenamente», declaró con su sempiterna sonrisa. Obligaciones políticas mandan, su compañero François Hollande, votó en Tulle, localidad del centro de Francia de la que el primer secretario del Partido Socialista es alcalde y diputado.
La masiva participación fue la tónica dominante de la jornada que transcurrió sin mayores contratiempos que las aglomeraciones y colas provocadas por la multitudinaria afluencia a las urnas.