Lunes, 7 de mayo de 2007
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El agujero negro de la democracia
Todo comienza con el desvío de la ley en beneficio de los amigos; continúa con el nepotismo y la aceptación de obsequios, retribuciones o cargos futuros; prospera con el beneficio personal que quienes ostentan algún tipo de poder obtienen de sus decisiones a través de negocios complementarios; se sostiene con el cambio repentino de la fidelidad a su partido por razones pecuniarias; desemboca en la aceptación de sobornos y la exigencia de comisiones, y, finalmente, queda rematado con la tolerancia oficial hacia la corrupción y el delito organizado a cambio de compensaciones. Es el agujero negro de la democracia.

La tipología social de los corruptores y de los corruptos es tan variada como la tipología antropológica del ser humano. Sólo que los pícnicos, los que lucen una morfología semejante a la de Sancho Panza, que físicamente tienden a la adiposidad, en materia de delincuencia de guante blanco son más propensos al fraude, la estafa y el soborno mientras que los asténicos, que tienen su prototipo en Don Quijote, se inclinan más por la prevaricación, el cohecho y la falsedad documental. Serían, respectivamente, los presuntos casos de Jesús Gil, Marisol Yagüe, Juan Guerra y Rosendo Naseiro, en un caso, o aquellos hombres de Alfonso Guerra que instrumentaron el 'caso Filesa' -Luis Oliveró o Alberto Flores- en el otro.

Los que en morfología humana se denominan tipos atléticos, con gran desarrollo óseo y muscular, de talla media y caja torácica robusta, suelen practicar con gran habilidad el tráfico de influencias, el cobro de comisiones, el delito urbanístico y el delito contra el Medio Ambiente. Es lo que ocurre con los casos de presunta corrupción de Julián Muñoz, además de los alcaldes socialistas de Garrucha y Najar y los populares de Orihuela y Torrelodones.

Los tipos displásicos, de morfologías infrecuentes y que se muestran fríos, reservados y poco sociables, practican a la perfección el falseamiento contable, la apropiación indebida, las adjudicaciones irregulares y el blanqueo de dinero, casos en los que podrían incluirse las morfologías sociales de José Antonio Roca y 'el Pocero'. En cambio, los ciclotímicos son reputados artistas en la malversación de caudales públicos, delitos societarios y financiación ilegal de partidos como, si termina por demostrarse, correspondería a los casos de Francisco Granados, Pedro Tirado, Enrique Porto y Juan Luis González Montoso, ex alcalde de Almuñécar y diputado nacional imputado en un proceso judicial por supuestos pagos irregulares para beneficiar a su partido en una campaña electoral.

Hay sectores económicos en los que la corrupción es el componente esencial de la política, las empresas, los partidos y las personas. Pero en ninguno se producen casos tan flagrantes de delitos como en el de la ordenación del territorio y el urbanismo en manos municipales. La forma particular de perversión que caracteriza la corrupción urbanística no consiste sólo en violar las normas destinadas a proteger el interés general, sino en sustituir la lealtad jurídica y personal hacia la comunidad por la total identificación con los intereses personales, de un grupo dominante o de un líder todopoderoso. Lo determinante en todos los casos es la aceptación como normal de la conducta delictiva convertida en el eje central del sistema.

Nadie quiere recordar que a la política, como a la ducha y al amor, hay que ir desnudos. Puede uno estar bien vestido o andrajoso antes y después. Pero no aprovechar el trance para engalanarse.

 
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