Lunes, 7 de mayo de 2007
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Los sueldos de los directivos
LOS directivos de la empresa de teléfonos alemana Deutsche Telekom han decidido renunciar a un mes de salario como gesto de solidaridad con los 50.000 empleados de la compañía que han sido transferidos a tres empresas de servicios del grupo. Este colectivo de trabajadores tendrá que trabajar a partir de ahora cuatro horas más y rebajar sus salarios un 9%.

Al otro lado del Atlántico, Robert Nardelli dimitió el pasado mes de enero como consejero delegado de la compañía Home Depot tras tres años de gestión mediocre y se embolsó 250 millones de dólares de indemnización. Este hecho ha vuelto a provocar un vivo debate en Estados Unidos sobre el nivel de remuneración de los altos directivos, cuya fórmula se ha ido introduciendo poco a poco en Europa.

Los datos que ilustran este debate son muy claros: en 1990 el sueldo medio de un ejecutivo de una gran compañía estadounidense era 107 veces superior al sueldo de los trabajadores, pero en 2005 ha supuesto 411 veces más. Esta situación ha llevado al congresista demócrata Barney Frank a presentar una propuesta de ley para que los accionistas tengan derecho a ejercer un voto, aunque sea no vinculante, sobre la compensación económica de los cinco mayores ejecutivos de la empresa y sus indemnizaciones en caso de despido o venta de la compañía.

En Europa, que ha ido adoptando en los últimos años las fórmulas de remuneración a los grandes ejecutivos de las grandes empresas norteamericanas, comienza a producirse un cierto movimiento contra lo que algunos consideran un auténtico abuso. En algunos países como el Reino Unido existe ya una norma semejante a la que trata de aprobarse en el Congreso de EE UU. En otros países, los presidentes de algunas compañías han debido responder a las quejas planteadas por algunos accionistas sobre sus altas remuneraciones. «Son legales, aunque puedan ser moralmente discutibles», respondieron casi al unísono los presidentes de dos importantes instituciones financieras de España y Francia.

El de los sueldos de los directivos está muy estrechamente unido al debate que en las últimas semanas se ha abierto en España sobre los beneficiados por el crecimiento económico de estos últimos años. Es verdad que esos salarios, innecesarios a partir de un cierto nivel, no suponen mucho en el conjunto del valor de los bienes y servicios (PIB) producidos en cualquier país en un año. Pero también es cierto que esas remuneraciones estratosféricas no contribuyen a la cohesión social y, sin duda, distorsionan públicamente la imagen de una marca y de una compañía que en la sobrevaloración de sus directivos parece despreciar la importante aportación de muchos de sus trabajadores.

 
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