Lunes, 7 de mayo de 2007
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OPINIÓN

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Manzanos, sidra, agua
He leído recientemente un informe de varios expertos técnicos y colaboradores del Serida, en el que se hace mención a la falta continua de pluviosidad en momentos puntuales del proceso y el desarrollo de la manzana de sidra. Es la consecuencia de la desastrosa y alarmante degradación del medio ambiente que estamos fomentando continuamente y, en concreto, en su repercusión desde hace años en las plantaciones del manzano de sidra.

Se ve en los gráficos y las estadísticas el bajón continuo de agua a lo largo de estos últimos años y es tremendo. Desde hace tiempo, ya se notan estos cambios climáticos y, cuando visitamos les 'pumaraes' para efectuar los diversos cuidados y trabajos que obligatoriamente hay que hacer, el panorama al ver la sequedad en el suelo y en algunas ramas es desolador; están debilitados, entre otras causas, principalmente por la escasez de agua y el aumento continuo de las temperaturas.

Creo que deberíamos concienciarnos e implicarnos mucho más de lo que actualmente lo hacemos en la defensa del medio ambiente. Aquí, las diferentes administraciones publicas deberían elaborar unas pautas, modos o normas básicas para poder seguirlas por todas las personas, sobre todo en políticas de ahorro de agua y mejor aprovechamiento de la ya existente, fomentar el estudio o/y la conveniencia de nuevos embalses, ubicándolos de tal manera que perjudiquen lo menos posible a las diferentes personas o zonas, y en puntos estratégicos de abastecimiento humano o para otras necesidades, ya que a poco que pase el tiempo el agua va a ser un bien muy escaso y hay que prepararse para ello. Incluso en zonas como Asturias, los embalses son problemáticos, pero son uno de los últimos recursos de nuestra inoperancia para conservar el medio ambiente. En este sentido, hay que ser objetivos y prácticos; no podemos echar la culpa al de al lado. El consumo y abuso desmedido de algunas cosas son el principio de algunos o muchos de los problemas, Entre otras medidas, deberíamos fomentar de alguna manera la obligación del reciclado, sobre todo las pilas, ya que son una fuente alto contaminante cuando se descomponen por efecto del tiempo; más medidas prácticas de concienciación en las escuelas; el uso dentro de lo posible del transporte público; plantación de todo tipo de variedades de árboles autóctonos; menos exigencias en las subvenciones para los que no disponen de tanta superficie, y poder plantar las muchas variedades de manzana de sidra que existen, entre otras.

El manzano necesita un aporte de agua en los comienzos del verano para el correcto desarrollo y la buena formación de los frutos. La falta de ella repercute directamente sobre la manzana y posteriormente en la calidad de nuestra querida sidra, que se resiente enormemente.

Eso sí, no tenemos -como desde hace ya varios años- un periodo de fortísimos vientos en los temidos finales de agosto y principios de setiembre que nos elimina la cosecha, y la aparición, cuando menos la esperas, de la 'borrina' («cuando ta borrinao nun hay que facer na, ni mayar, espichar, ni corchar»), que son nubes bajas muy densas y húmedas que dejan la flor muy deteriorada. Incluso en mayo, la venida de masas de nubes que traen la temible granizada, que deja la hermosa flor del manzano hecha un asco e inservible. Al verlo, nos entra la apatía, la desazón. Con todo esto, llega el momento de revolvernos contra todos y/o contra todo, ya que entonces estaremos tentando nuestra sidra tradicional asturiana y eso son palabras mayores, al no poner las correcciones necesarias en su tiempo para poder remediarlo y evitarlo. Con esto no podemos ni debemos jugar.

 
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