Lunes, 7 de mayo de 2007
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Sarkozy presidirá Francia con un apoyo histórico y anuncia el «regreso a Europa»
Los franceses refrendan la revolución conservadora propuesta por el líder de la derecha con el mayor capital de votos atesorado desde 1969
Sarkozy presidirá Francia con un apoyo histórico y anuncia el «regreso a Europa»
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El líder conservador Nicolas Sarkozy confirmó ayer su vitola de indiscutible favorito y se proclamó triunfal ganador de las elecciones a la presidencia de Francia al acaparar el 53,35% de los votos, al 80% del escrutinio. Con una renovada participación masiva, que redujo la abstención por debajo del 15%, el veredicto de las urnas sanciona con severidad la estrategia titubeante entre viaje al centro y fidelidad a la ortodoxia de la socialista Ségolène Royal, que obtiene de 4665% , e instaura una nueva era política de ruptura con el capitalismo de Estado gaullista mediante la emergencia renovada de una derecha popular y liberal.

Autor de una campaña escorada en las posiciones más extremas de la derecha democrática, Sarkozy es el líder conservador que accede al Elíseo con el mejor capital de votos desde 1969, cuando George Pompidou obtuvo el 58,2%, si se exceptúa la anomalía del 82,2% logrado hace cinco años por el presidente saliente, Jacques Chirac, ante el ultraderechista Jean Marie Le Pen. El contundente resultado supone un refrendo popular a la 'revolución sarkozysta', una ambiciosa empresa de divorcio histórico con el gaullismo que coloca a la derecha francesa en las vías del liberalismo, la modernidad y el autoritarismo.

Las urnas validan la estrategia de ruptura tranquila con el inmovilismo chiraquista mediante la rehabilitación sin complejos de valores de tradición conservadora como el mérito, el orden, el trabajo, la identidad nacional o la familia. Esta derecha neoconservadora a la francesa se desmarca del Estado asistencial, liquida la ideología progresista alumbrada por Mayo del 68 y pone en tela de juicio la supervivencia del modelo social francés, culpable a sus ojos de ser una fábrica productora de paro en masa.

Las tentaciones

Los críticos del 'sarkozysmo' denuncian las tentaciones neopopulistas y de instrumentalización de la democracia de opinión. A Eric Dupin, en 'Le Figaro', las invocaciones de Sarkozy a la 'mayoría silenciosa' le recuerdan la temática conservadora antielitista empleada por la derecha estadounidense en los años 1970. A su juicio, sus ataques vigorosos a la herencia de Mayo del 68 representan «un discurso reaccionario, en el sentido etimológico del término».

El antropólogo Emmanuel Todd, teórico del concepto de 'fractura social' con el que Jacques Chirac conquistó el poder en 1995, opina que el 'sarkozysmo' es «un gaullismo encogido en el que Francia se promete ser grande únicamente en su propio territorio». «En estos tiempos de tensiones sociales y económicas, hay el riesgo de que se instale en el poder una derecha radicalizada que sabe que la estrategia de provocación puede ser una técnica eficaz de gobierno», advierte con tintes alarmistas.

El triunfo de Sarkozy es el fracaso de Royal, que se queda por debajo del umbral del honor, fijado en el 47,36% obtenido por su correligionario Lionel Jospin ante Chirac en 1995. Es una derrota con pocos paliativos pues enfrente tenía un candidato de derecha sin escrúpulos, percibido como divisor de la ciudadanía y amenazante para las conquistas sociales, provocador de los disturbios callejeros más violentos de las últimas décadas y representante de un Gobierno conservador que llevaba cinco años de desgaste en el poder.

El fiasco

Su fiasco es el desastre de una izquierda anacrónica en el concierto occidental, incapaz de operar la transición a la socialdemocracia como sus homólogas europeas y anclada en obsoletas posiciones estatalistas. El fantasma del cisma planea ahora por las ruinas del castillo socialista, minado por tres derrotas presidenciales consecutivas. Es la lucha final.

Royal ha tenido la virtud de encarnar la necesidad de un 'aggiornamento' sonriente sin perder de vista las reivindicaciones de las clases populares. Pero su apuesta audaz, aunque forzada por la tiranía aritmética, de abrir una vía de centroizquierda con las derechas 'antisarkozystas' sale tocada del ala tras el revés del 6 de mayo.

El viaje al centro de Royal, cogida de la mano del democristiano François Bayrou, ha clausurado el ciclo histórico inaugurado en 1971 con el congreso de Epinay en el que se cimentó la estrategia de unión con la izquierda no socialista, hoy desaparecida en combate. Aún así los nostálgicos de aquella dinámica antaño victoriosa y la vieja guardia roja del templo ortodoxo afilan la cuchilla de la guillotina en la que desean ver rodar la cabeza de François Hollande, el primer secretario que se ha estrellado en las puertas del Elíseo con dos candidatos distintos: Lionel Jospin en 2002 y Royal, su compañera, ahora.

Según las proyecciones de los estudios de opinión, la tasa de participación se situó entre el 84% y el 85%, muy cerca de la plusmarca absoluta alcanzada en 1974 (87,33%). En la primera vuelta electoral, celebrada hace quince días, la afluencia a las urnas ya había sido multitudinaria pues llegó hasta el 83,77%: 37,2 millones de los 44,4 millones inscritos en el censo.

 
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