EN ocasión de dictarme de viva voz las palabras y palabros que luego incorporaría a su 'Diccionario del disparate', el apodado Dascoíte alcanzó una de las más altas cotas de lirismo de las que es capaz alguien tan prosaico como él:
-Mis palabras son aire y van 'Al Aire'...
-Gracias en nombre de mis lectores -interrumpí.
-Y las lágrimas que derramo al cobrar la miseria que abonas por mis servicios lexicográficos, son agua y van al mar.
-¿Qué bonita alegoría!
-Está basada en versos de Campoamor.
-¿Son becquerianos!
-Es que nuestro paisano dominaba todo tipo de métricas, bobín, incluyendo también la de esos versos de 14 sílabas llamados alejandrinos.
Luego, sin inmutarse, me dictó estas siete incorporaciones al diccionario:
Aguacate: sí, pero en sidra obtengo aprobado como mínimo.
Ancla: la de rana es comestible.
Desalmado: falto de conciencia. Un espécimen difícil de superar es el de aquel desalmado que sólo sentía serlo porque no podía vender su alma al diablo para obtener alguna prebenda.
Guantánamo: ensenada cubana en el mar de las Antillas. En la actualidad constituye un monumento a la chulería estadounidense, capaz de pasarse por la entrepierna el ya de por sí deteriorado Derecho Internacional.
No obstante, y a fuer de sinceridad, justo es reconocer que la reclusión de prisioneros sin ningún tipo de garantías jurídicas de sus frutos, como lo demuestra que después de unos cuantos años uno de ellos se declara autor intelectual del 11-S. No se descarta que haya también algún desgraciado que confiese en el futuro haber asesinado al presidente Kennedy.
Lema: «Hoy te robo más que ayer, pero menos que mañana» (inscripción de la medalla hipotecaria).
Proverbio: «Cuando los hermanos trabajan juntos, las montañas se convierten en oro», según el confucionista Ya-Lo-Tsé.
(-En oro de lo que caga el moro... ¿Verdad, Caín?
-Sí, Abel).
San Dez: Patrón de este diccionario.