Martes, 8 de mayo de 2007
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El dios menor de Belfast
El radical unionista Ian Paisley, farsante presbiteriano, se convierte hoy en el líder de Irlanda del Norte tras imponer la democracia al IRA
El dios menor de Belfast
McGuinness precede a Paisley en las escaleras del castillo norirlandés de Stormont. / AFP
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Si la presencia en el Ejecutivo autonómico de Irlanda del Norte, que se forma hoy, de dirigentes de Sinn Fein como Martin McGuinness y Gerry Kelly, que han cometido o colaborado con terribles crímenes para destruir esa misma autonomía, asombra por el cambio de sus opiniones, la de Ian Paisley no parece menor.

Nacido en Lurgan hace 81 años, hijo de un ministro baptista, se educó en Ballymena, donde vivía su familia. Tuvo una visión juvenil de Dios, una forma de revelación que le llevó por la vía de su padre. Cursó estudios bíblicos en Gales y Belfast. Ya adulto, recibió un título de doctor de una Iglesia en Carolina del Sur.

Los presbiterianos, su rama de la cristiandad, son en Reino Unido de origen escocés. Porque, mientras que en Inglaterra la Reforma fue un asunto de Estado y arrastra desde entonces una teología suave, que aspira a mantener el mayor número de fieles, la de Escocia fue calvinista y radical en la idea de autogobierno.

En la Iglesia libre presbiteriana fundada por Paisley dentro de esa tradición, hay consejos de ancianos y de los feligreses, pero pintan muy poco. Él se erigió en el moderador de la congregación en el momento de su fundación, y desde entonces el doctor Paisley ejerce el mismo puesto. Más tiempo que ningún Papa.

Contra el Papa

Y sabido es que él considera al Papa como el antiCristo. Que el Ayuntamiento de Belfast arriara su bandera ante la muerte de Juan XXIII le llevó a provocar un disturbio. Que en Shankill, un barrio con mayoría protestante, tuviera una heladería una familia italiana le pareció infiltración papista. Incitó a su expulsión.

La influencia de Paisley en el estallido de la violencia en 1969 hay que juzgarla según el criterio general sobre los líderes que utilizan un lenguaje apasionado y estridente pero que no cometen personalmente ningún asesinato. Pero el testimonio de los que sí lo hicieron es frecuente: Paisley puso a hervir su sangre.

Si su emergencia en el mundo religioso se justificaba porque el ecumenismo en boga en los años cincuenta y sesenta le parecía una prostitución espiritual, su impacto en el mundo político consistió en liderar un unionismo radical que limitó el margen de maniobra de los reformistas en el momento de la crisis de los sesenta.

Cuando ya el torbellino de violencias hacía de Irlanda del Norte uno de los lugares más tristes del mundo, Paisley mostró inagotable energía. Padre de cinco hijos, era parlamentario en Estrasburgo y en Londres y administraba su iglesia de viernes a lunes, con tres servicios en sábado y domingo.

Asistir a su Memorial de los Mártires era sumergirse en una bacanal de oratoria. Narraba a sus feligreses la minucia de todas sus actividades, cantaba himnos, leía salmos. Cuando discutía sobre una actuación del jefe de la Policía le tildaba de «abominable pecador» y la gente se reía, porque realmente sonaba a broma.

Final feliz

Su idea religiosa era el antiecumenismo y su estrategia política era sumaria: ni un paso hacia la colaboración con la Irlanda nacionalista y católica. Ahora, va a presidir un Ejecutivo compartido y con entes de colaboración norte-sur entre las dos Irlandas, que consagra el ecumenismo y compromete a unionismo y nacionalismo.

Inició el proceso de paz siguiendo sus costumbres. Se retiró de la negociación constitucional cuando Sinn Fein fue aceptado y, en la noche de la firma del Acuerdo de Viernes Santo, en abril de 1998, penetró el cordón del edificio donde se negociaba y denunció a gritos la traición inminente de otros unionistas contra su Ulster.

En el final del proceso, es un héroe. Este mamarracho fundamentalista, Bin Laden imberbe de provincias, ha terminado el proceso de paz ganando las elecciones y exigiendo, demócrata implacable, que no haya Gobierno mientras una de las partes, Sinn Fein-IRA, mantiene armas privadas y no apoya la ley de todos.

Gerry Adams y Martin McGuinness, artífices de la más mortífera campaña terrorista que ha conocido Europa en el siglo XX, se han humillado finalmente ante los principios elementales exigidos por Paisley. Quien, eso sí, ayer mismo decía que, si Gordon Brown no le da el dinero que le exige, lo mismo no se presenta a la 'pantomima' de hoy. Esa pantomima sería su nominación como líder de Ulster.

 
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