Los andamios, los pinceles, las brochas y las cucharillas de los investigadores de la Universidad Nacional de Educación a Distancia volverán al Oriente asturiano. Estarán, como desde hace varios años, en la cueva de La Güelga, en Cangas de Onís, pero también este año, por primera vez, en la de Collubil, en Amieva. Aunque aún falta la tramitación de los permisos necesarios, la Consejería de Cultura ya ha adelantado que los trabajos en este yacimiento se iniciarán este verano. Todo apunta a que será en septiembre.
Dos equipos de arqueólogos y estudiantes trabajarán al mismo tiempo en las dos cuevas. ¿El objetivo? Continuar con su tarea para confirmar la presencia tardía de neandertales en Asturias. Pero hay más, también tratan de saber «cómo se movía la gente hace miles de años en el valle del Sella», explica el profesor José Manuel Quesada, quien coordinará junto a Eduardo García el equipo de Collubil. Y de ahí, que ahora extiendan sus estudios al yacimiento de Amieva.
«Formamos parte del equipo de La Güelga desde hace 20 años y nos faltaba conocer esta cueva, buscamos el eslabón perdido», explica Quesada. «Teníamos las experiencias de Tito Bustillo, La Güelga y faltaba conocer lo que había 15 kilómetros antes, hacia el interior para conocer las tres zonas y poder determinar cómo se movían entonces».
Para conseguirlo, está previsto que en la caverna amievense trabaje un equipo de en torno a una decena de personas, formado por profesores y alumnos de la UNED. Aunque en un principio se habló de que los trabajos pudieran empezar en julio, circunstancias de disponibilidad hacen que no vaya a ser así. «Lo más probable es que sea en septiembre», señala Quesada. No obstante, siguen esperando a que se tramiten los permisos necesarios.
Ésta será la primera vez que se realicen excavaciones controladamente en el yacimiento de Collubil. No obstante, Manuel Quesada recuerda que «hubo algunas a principios del siglo XX y en los años setenta u ochenta, profesores de la Universidad de Cantabria también hicieron algunos estudios».
Piezas magdalenienses
La de Collubil es una cueva orientada al Suroeste, al abrigo de los vientos. En ella se encontraron piedras líticas y óseas, así como restos de fauna y piezas del Magdaleniense.
Justo del Castillo y Quintana investigó antes de 1881 este yacimiento, donde encontró numerosos restos arqueológicos, tal y como se recoge, con varias ilustraciones, en el libro 'Justo del Castillo, el Gijón vivido', (entre 1865 y 1912).
En el caso de La Güelga, explica el arqueólogo y coordinador de la UNED en Asturias, Mario Menéndez, se retomarán los trabajos «en la misma línea que se venía haciendo», con un equipo de una decena de personas, también alumnos y profesores de la Universidad, para «conocer esa parte del final del Paleolitíco Medio y Superior, tratando de de definir la situación cronológica en esa cueva».
En la pasada campaña, el hallazgo en la parte alta de la cueva de una muela de mamut sirvió para determinar que los últimos de esta especie vivieron en un ambiente muy frío. Los arqueólogos del equipo de Menéndez consideran que los habitantes de esta caverna fueron los últimos de su especie y habrían llegado a vivir incluso hace unos 30.000 años.