Cuando pulsamos el botón del ascensor, marcamos un número de teléfono, conectamos la televisión o escuchamos el MP3 se ponen en funcionamiento multitud de conexiones electrónicas que, sin aparente esfuerzo, convierten en cotidiano lo que sólo para algunos resulta comprensible. Cada aparato, cada instalación, es autónoma en sí misma y para ser competitiva ha de garantizar que su articulación es perfecta y que preserva la seguridad del usuario. Pero en enero de 1996 la Unión Europea decidió que la individualidad no era suficiente, que cada producto que se incorporara al mercado tenía que ser compatible electrónicamente con los ya existentes y éstos entre sí. Quiso asegurar al usuario que si hablando por el teléfono móvil pasa por delante del televisor, éste no va a registrar interferencias.
Y emitió una directiva destinada a todos los productos que utilicen, transformen o generen electricidad para que sus promotores justifiquen, a través de unas normas de obligado cumplimiento, que las perturbaciones u ondas que emiten los objetos no transgreden unos determinados límites. De esa manera se hicieron necesarios los laboratorios de Compatibilidad Electromagnética, a pesar de lo cual, hasta ahora solamente cuatro, en el País Vasco, Cataluña, Madrid y Andalucía, analizaban en España la emisión de ondas.
El quinto de España
Ayer se puso en funcionamiento el de Asturias, con vocación de convertirse en un referente para el norte de España. La idea surgió de la Fundación Prodintec, sita en el Parque Científico y Tecnológico de Gijón, que propuso al Principado una fórmula inédita hasta el momento en el panorama español: abordar el proyecto en colaboración con la Universidad, en este caso la de Oviedo a través del campus de Gijón. De ahí el elevado número de autoridades políticas y académicas que se dieron cita ayer en la presentación del nuevo laboratorio: el rector, dos de sus vicerrectores, el de Investigación y el de Relaciones Institucionales, así como numerosos directores de centros y departamentos, por parte académica, y el consejero de Educación y Ciencia, con el viceconsejero de Ciencia y el director general de Universidades, por parte del Principado. Junto a ellos, el personal de Prodintec, representado por su presidente, Adriano Mones, y su director, Jesús Fernández. Todos escucharon las explicaciones de Jesús Fernández dentro de una cámara anecoica de 8,5 metros de largo por cinco de ancho y otros cinco de alto, en la que sólo se pueden medir equipos de dos por dos y por 3,5 metros para estimar la distancia a la que emiten perturbaciones , y que supuso una inversión de casi un millón de euros.
«Es una imagen inusual de la Universidad, pero estas son las aulas de la Universidad del futuro y la respuesta a la interacción con la empresa que tanto invocamos y tan poco hacemos», afirmó Juan Vázquez, quien añadió que «tenemos un campus anecoico para las empresas, un campus para eliminar ruidos, para absorber ondas y para emitir tecnología». El rector cerró la inauguración ante un José Luis Iglesias Riopedre pletórico ante el resultado de una inversión que tardó tres años en materializarse. «Es la primera de una larga serie de experiencias», dijo el consejero, quien recordó que «el objetivo del Principado es potenciar el conocimiento y el I+D+i». Y añadió, conciliador, que «hablar de investigación sin la Universidad es un profundo error».