El obispo de Oviedo, Carlos Osoro, dijo ayer que la situación de Asturias y de España, entre otras cosas, le han movido a convocar un sínodo que tiene como objetivo «convertir a los cristianos en crucifijos andantes». Su intervención se produjo en el marco de una conferencia organizada por el Ateneo Jovellanos, en una abarrotada Escuela de Hostelería de Gijón, para explicar la 'Motivación y esperanzas del sínodo en Asturias'.
El prelado fue claro y contunden a la hora de explicar cuáles son algunas de las cosas que no le gustan de la sociedad actual y que aspira a modificar con el ejemplo de Jesucristo.
La crispación política recibió distintas alusiones en el discurso de Osoro, quien pidió «la disolución de quienes apoyan el enfrentamiento entre los hombres», y afirmó que «esa situación es nueva en España».
El obispo denunció la situación en el orden político y en el religioso. En cuanto al primero, indicó que «poco a poco las decisiones políticas se van alejando del interés de gran parte de la sociedad». Y aludió a tres asuntos que han marcado buena parte de la confrontación política entre PSOE y PP en los últimos meses.
«Se ha roto o está en cuestión el consenso constitucional -afirmó Carlos Osoro- y se vuelve a tesis de ruptura que ponen en peligro la reconciliación».
En segundo lugar, el obispo citó entre los peligros actuales «que se reconozca a quienes quitan la vida a los demás como interlocutores» para diseñar el futuro de un pueblo.
Y un tercer botón de muestra: «El concepto de justicia queda en ocasiones limitado a una mera satisfacción de los deseos», en alusión al reconocimiento de algunos derechos que han levantado polémica.
«Este momento no es el mismo que hace 25 años», alertó Osoro, quien hizo hincapié también en un cambio en el orden religioso. «La Iglesia es vista como un peligro para la democracia por supuestas posiciones arcaicas», y pidió a los católicos que reaccionen para que la Iglesia no quede excluida, porque «no puede retroceder a los cuarteles de invierno».
En su exhortación, Osoro se mostró esperanzado ante los que denominó «retos de la Iglesia» y aseguró que «es tiempo de sazón y de gracia». «Los obispos ya detectábamos la secularización de la Iglesia», comentó en otro momento de su intervención el obispo, para quien las dificultades son distintas, pero no mayores que en otras épocas. Entre las fórmulas para cambiar las cosas citó la necesidad de «eliminar la herejía emocional», como denominó a la pasividad y renuncia por conformismo o falta de esperanza de éxito.
También apuntó fórmulas de trabajo: «La necesidad de que la vida familiar y personal de Jesucristo sirva de ejemplo», «la recuperación del domingo como primer día de la semana y día de celebración», y la confianza al máximo nivel en Dios. El ejemplo fue críptico. Osoro dijo, para explicar que todavía hay un grado de confianza superior al que un niño tiene en su madre, que cuando muere un ser querido lo vestimos y arreglamos porque él ya no puede hacerlo. «Como el muerto, tenemos que dejarnos conducir por Dios».