Luis González Morán es el autor del libro 'De la bioética al bioderecho: libertad, vida y muerte'. La docencia y la abogacía son las grandes pasiones de este sacerdote, que ha puesto toda su alma en esta obra. Cinco años de trabajo han sido necesarios para plasmar en sus páginas todo lo referente a unas disciplinas que, pese a lo complejo de sus nombres, «se reflejan en la realidad cotidiana», según el autor.
-¿De qué trata su libro?
-Mi obra pretende ser una reflexión acerca de la respuesta que el Derecho da a las cuestiones de la bioética en lo referente a la libertad, la vida y la muerte. Tras una introducción acerca de estas dos disciplinas, abordo su plasmación en esas tres cuestiones que definen la vida misma. Al hablar de libertad destaco la revolución que supone el que el paciente se convierta en un sujeto activo. En lo referente a la vida, el testamento vital es un aspecto muy interesante que permite la tranquilidad del enfermo y da seguridad a familiares y médicos. En lo tocante a la muerte, es muy interesante hablar de la disponibilidad de la vida y aquí surgen temas como la eutanasia o el suicidio.
-¿Cuando surge la bioética?
-La bioética surge en América en los años setenta como respuesta a los abusos en la biomedicina. En una época de reivindicación social, el respeto a la autonomía del paciente adquiere una gran importancia y lo que es una reflexión se traslada al campo jurídico, es decir, al modo en que el derecho responde a las cuestiones de la biomedicina: la ley obliga.
-¿Cuál es la situación en España?
-En España actualmente tenemos una magnífica legislación y la jurisdicción es muy clarividente. La Ley de los Derechos del Paciente es el resultado de largos años de trabajo y, aunque sus planteamientos son muy válidos, surgen muchos obstáculos para su aplicación. Todavía son muchos los pacientes que acatan todo lo que el médico les dice, concediéndole a éste el rol de Dios. El dueño de la salud es el paciente, y la información es uno de sus principales derechos, ha de ser adecuada y veraz y respetar la dignidad.