Es posible que la intención de la Fundación Telefónica fuera pintar un cuadro sociológico al rememorar los primeros años de la implantación del teléfono en España, allá por la segunda década del siglo pasado, pero cuando cuelga en su exposición 'Transformaciones' más de medio centenar de fotografías inéditas de Asturias realizadas entre 1924 y 1929, el ejercicio tecnológico se transmuta para el visitante en una apuesta histórica por reconocer y reconocerse en aquellos parajes y entre aquellos cuadros urbanos.
Las 51 fotografías constituyen solamente una parte de las casi 200 que desde ayer se pueden contemplar en el Centro de Cultura Antiguo Instituto bajo el paraguas de la exposición itinerante 'Transformaciones. La España de los años 20 en los archivos fotográficos de Telefónica', que recala en Gijón procedente de Madrid, Valencia, Barcelona y Granada con un bagaje de 122.000 visitantes.
Seguramente ninguno de aquellos notables reporteros gráficos que en los años veinte españoles asumieron el encargo de documentar cada poste, cada línea, cada edificio y cada trabajador de la recién nacida Compañía Telefónica Nacional de España, pensaron que su trabajo, realizado con un oficio manifiestamente artístico, iba a formar parte de una visión histórica de la época casi un siglo después. Porque, según indicó ayer el director general de Fundación Telefónica, lo que perseguía esta iniciativa de primeros del siglo XX era conocer documentalmente la forma de ubicar en las fachadas los cables de teléfono de forma que no se notasen o discernir la ruta rural por la que deberían extenderse las nuevas líneas.
«Todas las fotografías tienen como motivo el teléfono», advirtió Francisco Serrano, a modo de justificación para quien pudiera buscar unos elementos más sociológicos en la exposición, pero también matizó que 'Transformaciones' «es un ejemplo de cómo la introducción de la tecnología cambió la perspectiva de ver el mundo de todo un país, porque los cambios del paisaje, de los modos de trabajar y de la vida misma fueron inducidos por la tecnología», señaló Francisco Serrano.
Rodeado de decenas de fotografías de color sepia que recogen torretas de teléfono inimaginables y aparatos de teléfono que no pocas generaciones actuales ni siquiera conocieron, el término tecnología parecía rebotar contra los paneles. Según recordó el propio Serrano, «puede parecer pueril, pero los niños no saben que antes de que los números telefónicos se marcasen pulsando una tecla había que meter el dedo en un disquete y soltarlo cuando llegases al final». De hecho, una de las fotografías firmadas por Alfonso en 1929 recoge uno de esos viejos disquetes en el que, en el centro, se leen las instrucciones para usarlo: «No girar el disco hasta oír la señal para marcar», informa al usuario primerizo.
La primera revolución
Pero al margen de lo lejano que pudiera parecer, todo lo expuesto «representa la punta de lanza de un mundo nuevo, que se refleja en el surgimiento de nuevos hábitos sociales, la aparición de nuevas profesiones, como capataces y celadores y los cambios del paisaje rural y urbano», afirmó Francisco Serrano, quien no perdió la oportunidad de recordar ante la alcaldesa y la concejala de Cultura la incorporación femenina al mundo laboral de la Compañía Telefónica.
«Una de las profesiones de nuevo cuño que surgieron entonces a la sombra del teléfono, la de telefonista, se reservó para las mujeres, con su pelo corto, su uniforme y la centralita delante», dijo el director general de Telefónica, sin que Paz Fernández Felgueroso hiciese mención alguna posterior al guiño feminista. Al contrario, la alcaldesa no dudó en afirmar, al valorar la importancia de la exposición, que «nunca tuve más poder que cuando fui delegada del Gobierno en Telefónica».
Después vino el recorrido por las casi 200 fotografías de la España de los años 20 y la identificación entusiasta de los rincones y estampas gijonesas y asturianas. «Hay una del puerto de Pajares que parece el Tíbet», concluyó Francisco Serrano, pero la estrella fue la de la playa de Gijón.