Tony Blair será el primer dirigente extranjero en entrevistarse con Nicolas Sarkozy, antes siquiera de la formación de su primer Gobierno, para mejor subrayar la importancia de la complicidad diplomática entre París, Londres y Berlín, donde el nuevo presidente de Francia confirmará, más tarde, con Angela Merkel, su nueva visión de la construcción política de Europa. La canciller fue la primera dirigente europea en subrayar que no deseaba dar a la sólida «amistad franco-alemana» un carácter «exclusivo», insistiendo en abrir el diálogo privilegiado de Berlín con sus vecinos del Este europeo.
Antes de llegar al Elíseo, Sarkozy ha insistido en repetidas ocasiones en que, desde su óptica, el relanzamiento de la UE debe hacerse entre seis: Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, España y Polonia. La misma noche de su victoria, anunció uno de los proyectos más ambiciosos de su presidencia: proponer el lanzamiento de la Unión Mediterránea a imagen y semejante de la UE. El proyecto tendrá muchos avatares y sólo podrá ser el fruto de una larga y compleja negociación multilateral. Desde la nueva óptica presidencial gala se trata, de entrada, de avanzar una idea que se desbrozará escalonadamente.
El problema turco
La Unión Mediterránea será paralela a las negociaciones entre la UE y Turquía, pero, desde la óptica de París, también se trata de dar al pueblo otomano un nuevo horizonte común. Ni Merkel ni Sarkozy son partidarios del ingreso turco en la Unión. Por el contrario, creen igualmente indispensable ofrecer a Ankara una alternativa de «gran alcance».
La visita de Blair a París, con una celeridad sin precedentes en la historia de las relaciones franco-británicas, se inscribe en ese marco: insistir en el apoyo británico a un relanzamiento de la UE a través de un 'mini Tratado Constitucional' europeo, que la Francia de Sarkozy pudiera aprobar por vía parlamentaria, tras el rechazo, vía referéndum, del 'gran Tratado' dina- mitado por el no de mayo de 2005.
París y Londres, Sarkozy y Blair, pueden tener diferencias de criterio concretas en bastantes cuestiones europeas. Pero comparten con Merkel una visión pragmática del futuro de la UE. A lo largo de su campaña presidencial, Sarkozy elogió en repetidas ocasiones el dinamismo inglés, en abierta oposición a los arcaísmos inmovilistas de la doble era Mitterrand-Chirac. Blair, por su parte, saludó el triunfo del líder conservador en unos términos de gran cordialidad entusiasta. Muy lejos de las etiquetas ideológicas convencionales, a nadie se le oculta el respeto y simpatía mutua entre el primer ministro saliente y el nuevo presidente entrante.