El primer ministro británico, Tony Blair, anunciará hoy su renuncia al liderazgo del Partido Laborista, abriendo la elección interna para encontrar un sucesor que le reemplazará en la jefatura del Gobierno.
El momento de dar la noticia ha sido objeto de continua especulación desde hace meses. Pero ayer sus portavoces en Downing Street confirmaron que esta mañana el primer ministro comunicará sus intenciones al Gabinete y posteriormente partirá a su circunscripción electoral, en Sedgefield, en el nordeste de Inglaterra, para hacer el anuncio público.
La declaración abrirá un proceso interno en el partido, que debe terminar en el plazo de siete semanas. Tras la elección del nuevo líder, Blair, que ha cumplido recientemente diez años al frente del Gobierno, dejará de ser primer ministro y su puesto será ocupado por el elegido por los laboristas.
Los conservadores liderados por David Cameron quieren que se celebren elecciones inmediatas, pero esa iniciativa es rechazada por el Ejecutivo, que encajó el pasado jueves una fuerte derrota en las elecciones municipales ingleses y obtuvo resultados poco satisfactorios en las autonómicas de Escocia y Gales.
Cameron, en la sesión parlamentaria de Preguntas al Primer Ministro, se mofó ayer de Blair afirmando que preside sobre un Gobierno «de los muertos vivientes». Y le reprochó que «tenemos un primer ministro que, incluso después de la paliza que les hemos dado en las elecciones de la pasada semana, aún no ha comprendido que todo terminó».
Equívocos
El aún líder laborista replicó diciendo a Cameron que «puede alardear cuanto quiera sobre los resultados de las elecciones municipales, pero, cuando, lleguen las generales, lo que cuentan son las políticas, y en políticas nosotros ganamos y él pierde».
El anuncio de Blair abre la fase final de un período agónico en la política británica, en el que el Gabinete ha perdido el sentido de dirección, porque el anuncio de la marcha de Blair le quitó autoridad y los ministros se han ocupado más del debate interno sobre la sucesión.
La marcha de Blair se ha ido marcando en varios pasos. En setiembre de 2004, justo antes de entrar en el quirófano para ser sometido a una cirugía leve para corregir un problema de latidos irregulares en su corazón, dijo, en una entrevista con la BBC, que no aspiraría a un cuarto mandato. Se acercaban las elecciones de 2005, cuando logró algo inédito en la historia británica, un tercer Gabinete laborista consecutivo.
Durante las elecciones, afirmó que, si las ganaba, agotaría los plazos. Pero, desde los primeros pasos, ese tercer turno en Downing Street ha estado marcado por la presión del ministro de Hacienda, Gordon Brown, para forzar la despedida.
Aunque fueron los principales promotores, junto al ahora comisionado europeo de Comercio, Peter Mandelson, del Nuevo Laborismo, la relación entre ambos ha sido difícil y plagada de equívocos.
Blair y sus aliados parecían estar convencidos de que la mejor estrategia era agotar el tercer mandato y elegir un nuevo líder en víspera de los futuros comicios, en dos o tres años. El cálculo de Gordon Brown era distinto. Quería llegar a la jefatura de Gobierno con el tiempo suficiente para marcar su impronta ante los resurgidos conservadores de Cameron.
Candidatos
Esa tensión se resolvió el pasado setiembre. Tras el regreso de las vacaciones estivales, Brown alentó los primeros pasos de lo que podía desembocar en un golpe palaciego. Delegaciones de parlamentarios y viceministros comunicaron a Blair la necesidad de su partida. El primer ministro accedió a fijar una fecha para su marcha, antes del verano. El anuncio amansó las aguas y ha producido un Gobierno frágil pero sin graves divisiones internas.
Aliados de Blair han promovido diferentes alternativas al liderazgo. Ministros como David Miliband o John Reid, ex ministros como Charles Clarke, han sido aireados como posibles candidatos para evitar la victoria de Brown, pero todos han caído sucesivamente por la borda, porque no querían el papel -Miliband- o llegaron a un cálculo cabal de sus magras fuerzas.
Dos parlamentarios identificados con la izquierda laborista, Michael Meacher y John McDonnell, intentan estos días lograr el número de apoyos entre los parlamentarios necesarios (45) para presentar su candidatura. Han llegado a un pacto por el cual reunirán a los izquierdistas y quien obtenga más apoyos respaldará al otro.
El Partido Laborista se enfrenta a una lección más disputada para el puesto de vicelíder. John Prescott, que ocupa el cargo en la actualidad, ya se había comprometido a retirarse junto a Blair, en cuyo Gabinete ha servido como Viceprimer Ministro. Siete políticos laboristas han anunciado su intención de competir por este puesto.