José Luis Rodríguez Zapatero defendió ayer que sus actos están siempre dirigidos a «trabajar sin descanso por el fin de la violencia». El jefe del Ejecutivo salió así al paso de las increpaciones del primer partido de la oposición por la estrategia desplegada desde el Gobierno contra las listas de Acción Nacionalista Vasca; una estrategia que, a su juicio, permite a Batasuna concurrir de facto a las elecciones. El presidente aseguró que se han perseguido todas las candidaturas «fraudulentas» de la formación ilegalizada y acusó a los populares de haber optado voluntariamente por «quedarse al margen» de la búsqueda de la paz.
Zapatero tuvo que emplearse a fondo en su debate con el portavoz del PP en el Senado, Pío García Escudero, por la mañana, y en la sesión de control en el Congreso, por la tarde, con Mariano Rajoy. El líder del PP tomó hace unas semanas la decisión de rebajar el tono de sus críticas hacia la política antiterrorista del Gobierno a la espera de conocer su actuación respecto a los planes diseñados por Batasuna para colarse en los ayuntamientos vascos. Pero la calma apenas duró un pleno. Ayer, la trifulca, los gritos y los abucheos regresaron al hemiciclo.
El PP entiende que el Supremo dio un importante rapapolvo al Ejecutivo al advertir de que «el cauce que el ordenamiento jurídico ofrece» en casos como el de ANV es la «solicitud de ilegalización», es decir, no la impugnación parcial de sus listas, que fue la fórmula escogida por el Ejecutivo.