Lo conocerán por 'Black is black', santo y seña de la banda por excelencia de los sesenta -con permiso de Los Brincos-, Los Bravos. Mike Kennedy, su líder, actuó ayer en la sala Acapulco del Casino de Gijón. Ofreció un concierto en el que rememoró alguno de los éxitos de su antigua banda, clásicos del rock and roll y temas de su último largo. «Viví una vida muy loca», afirmó unas horas antes de iniciar el recital.
-Supongo que es muy distinto cantar en un casino, ¿prefiere los escenarios más grandes?
-Está claro que yo prefiero tocar con mi banda, que en playback (la música de los instrumentos estaba 'enlatada'). Pero bueno, yo ahora estoy cantando más bien canciones nuevas de mi último disco para no seguir siempre con el mismo rollo. Lo único que puedo decir es que muestras mejor la voz con una banda detrás. Te sientes más libre y más a tu aire.
-Por lo oído en los ensayos, está usted en plena forma. ¿Qué hace para cuidar la voz?
-En realidad, nada.
-Y a estas alturas de la película, cantar 'Black is black', ¿es un lujo o más bien una tortura?
-(Hace una mueca de cansancio). Depende de como sea la audiencia, pero sí es cierto que es la canción que más éxito tiene siempre entre el público.
-¿Qué cree que ha cambiado en la industria musical?
-Era una época muy diferente. Había más estilos, hoy en día todo es más o menos lo mismo.
-Aun así, intentaron reflotar la banda en 2004, ¿qué tal funcionó aquella experiencia?
-Mal. Había incompatibilidades entre nosotros.
-¿Fue lo que sucedió cuando cortaron a finales de los sesenta?
-En parte, sí. Lo que pasa ahora es que cada uno veía el retorno de Los Bravos de manera diferente y tampoco había representantes adecuados. Fueron muchos factores, pero aún tenemos algunas actuaciones en verano.
-Confiese, ¿a estas edades sigue habiendo groupies?
-No, ahora ya no (ríe). Eso ya pasó.
-O sea, que en su momento sí...
-Sí, hombre sí, entonces claro.
-En todo este tiempo, ¿se ha arrepentido de algo?
-Sí, de no haber guardado un poco más de dinero.
-Se debieron correr sus buenas juergas...
-Sí, las dos películas que hicimos de la banda retrataban esa forma de vida.
-¿Es consciente de que para el público es un mito?
-No, eso lo ves cuando pasa el tiempo. En aquella época viví la vida muy a lo loco y el público, a veces, me molestaba incluso. Era muy agobiante, como ahora los chiquillos con 'Operación Triunfo'.
-Cuénteme, ¿había rivalidad con Los Brincos?
-No, eso dice la gente, pero es mentira. Soy muy amigo de Fernando, el batería de Los Brincos, que me escribió bastantes éxitos. La gente se inventa muchas cosas. Para los críticos nosotros éramos los malos y ellos los buenos.