EL chantaje, bien ejercido, debe ser considerado una de las bellas artes. Por desgracia tiene actualmente más seguidores que ninguna de las otras disciplinas del espíritu. Los mafiosos del excelso linaje Corleone abundan y hacen ofertas que casi nadie puede rechazar. Es curioso que haya llegado hasta el deporte, que hace mucho que dejó de ser «una carrera hacia la limpieza» y una especie de lenguaje donde pudieran entenderse todas las razas del mundo. Ahora la única Olimpiada es la del dinero y Bernie Ecclestone supedita la Fórmula-1 en Valencia al triunfo de Camps el 27-M. El magnate británico necesita la colaboración de algunos mangantes nativos, pero todo está en su mano y prefiere invertir su dinero en algo que se transmitirá por televisión y no en la seguridad del Metro, que no es visible más que para los viajeros.
Otra cosa que debiera dar que pensar a los hinchas, en el supuesto de que practicaran ese hábito, es la actitud de los radicales del Atlético. El mensaje que han transmitido contiene todo un pliego de condiciones: «O se deja ganar al Barça, o me borro, pásalo». Los más vehementes partidarios del simpático club rojiblanco -yo lo era, hasta cierto punto, en los tiempos de Ban Barek- se definen como «antimadridistas» y les provocaría un problema de índole psiquiátrica ayudar al Madrid a conseguir la Liga. «Preferimos perder ante el Barcelona», han dicho.
El paisaje español no puede cambiar mientras no varíe el paisanaje. Quizá sea algo que exija algún tiempo, pero hay que deplorar que las técnicas chantajistas tengan tantos seguidores. Acaso el ejemplo del conocido asesino señor De Juana Chaos no sea del todo ajeno. Cuatro acusados por los crímenes del 11-M van a iniciar una huelga de hambre. Julián Muñoz ya abandonó la suya. Al parecer le entraron ganas de comer.