El Barça vivió ayer la jornada más depresiva de la 'era Rijkaard'. El tremendo varapalo de Getafe escoció hasta las entrañas en el seno del club azulgrana. Desde la presidencia hasta los propios jugadores. Todos reconocen en público o en privado sentirse avergonzados por la triste imagen ofrecida en el Coliseum Alfonso Pérez.
La debacle copera surgió como la gota final de una pésima temporada que podía alcanzar el calificativo de desastrosa si el equipo acaba perdiendo la Liga. Una posibilidad que tras la eliminación ante el Getafe debe pesar como una losa sobre el presidente del Barcelona. Esa circunstancia abonó la visita de Joan Laporta al vestuario azulgrana antes de que la plantilla realizase una suave sesión preparatoria en La Masía.
Laporta y el secretario técnico del primer equipo, Txiki Beguiristain, departieron con los jugadores durante veinticinco minutos. El máximo mandatario azulgrana llevó la voz cantante de la charla exigiendo en un tono contundente que los jugadores elevaran su grado de compromiso hacia el club.
A la bronca del presidente se le unieron las declaraciones de Samuel Eto'o, que todavía ahondó más en la herida azulgrana. El camerunés no se anduvo por las ramas. «Sentí mucha vergüenza. Si hubiese podido abrir el suelo y meterme dentro lo habría hecho», reconoció.
Eto'o ofrecía un rostro abatido enmarcado en una voz más débil que de costumbre. Una imagen que, acompañada de sus manifestaciones, realzaba la crudeza de la derrota. «No estuvimos a la altura de la camiseta que llevamos. Podíamos perder, pero no dando esa imagen», admitió.
El camerunés había escuchado la ira de unos doscientos aficionados que se acercaron a presenciar el entrenamiento del Barça e insultaron a gritos a los jugadores. «Nos pueden decir lo que les dé la gana, pero yo también puedo pedirles que nos sigan apoyando porque el error de Getafe no puede cambiar todo lo que hemos hecho», disertó.