En el aluvión de 'famoseo' y vips que se anuncia para el fin de semana en Montmeló, la primera avanzadilla se dejó hacer por el circuito catalán el viernes. Por el 'paddock' se vio a mucho personal para la foto.
Esther Cañadas y Sete Gibernau pasearon cogiditos de la mano, melena al viento ella, más discreto él. David Meca surgió de entre las aguas del box de Ferrari como por ensalmo. Apuntaron las cámaras al director Jean Todt al final de la sesión de entrenamientos y por allí emergió la figura del nadador maratoniano, ataviado con una camiseta de Ferrari. En silencio, sin llamar la atención, paso inadvertido un ciclista que fue líder del Tour de
Francia, el escocés de Malta David Millar, otrora envuelto en escándalos de EPO y ahora integrante del Saunier Duval. En el restaurante de Red Bull pidió un vino blanco para él y su amigo. En segundo plano se dejó notar Nani
Roma, un ganador del Dakar.
Todos vieron como el fin de semana arrancó feliz para Fernando Alonso. El asturiano no estaba muy convencido de que el McLaren pudiese dominar en Montmeló. A diferencia de otros viernes (Malasia, por ejemplo), Alonso no se mostró exultante respecto a su monoplaza, pero marcó el mejor tiempo de la sesión.
«Los viernes nunca aclaran nada», indicó Alonso respecto al gasto de gasolina de cada equipo. Esto sucedió con Renault. Fisichella y Kovalainen lograron el segundo y el tercer mejor tiempo, aunque esto fue al final de la sesión, con poca gasolina y neumáticos nuevos.
Alonso comentó que había tiempos «difíciles de entender», respecto al rendimiento de Ferrari, que había gobernado los ensayos en este mismo trazado hace una semana.
A tal honor, tal señor. Michael Schumacher, por su parte, inauguró el mastodóntico campamento de Ferrari, tres plantas de lujo, mobiliario a la última, minimalismo a ultranza y pantallas planas por cada rincón de la estancia en tonos rojos y blancos. En Montmeló apareció el alemán porprimera vez desde que se retiró el pasado octubre.
Lo hizo a lomos de su pasado estelar. No cabía un alfiler en la planta baja del hogar de Ferrari. Allí tomaron posiciones cámaras, periodistas y curiosos desde las once de la mañana, una hora antes de que compareciese el siete veces campeón del mundo.
Reaparece Schumacher
En la agenda del Gran Premio, el horario de citaciones, ruedas de Prensa, actos públicos y demás, Ferrari intentó aplacar la curiosidad general con unas iniciales. Ubicó en el tablón la conferencia de un tal M. S. junto a la comparecencia de Kimi Raikkonen y de Felipe Massa.
Schumacher apareció flaco, sin un gramo de más de grasa, ataviado con la camiseta Ferrari atiborrada de publicidad y flanqueado por dos asesores de Prensa, el suyo personal, Sabine Kehn, y el oficial de Ferrari, Luca Colajani. Y lo hizo para decir que está feliz lejos de la Fórmula-1, que ama a su familia y que hay vida lejos del deporte. Un mensaje que pareció de auto-convencimiento cuando alguien le preguntó si no va a volver a pilotar.
El alemán no cerró ninguna puerta. «Hace varios meses que me retiré y estoy bien así, pero lo que pueda ocurrir en el futuro, no lo sé».
Por el paddock de la Fórmula-1 corre de boca en boca un comentario insistente. Schuamcher no puede vivir sin correr y tarde o temprano, como los toreros, cogerá de nuevo un volante, de un F-1, de un gran turismo, o de lo que sea para matar el gusanillo.
«Ahora, cuando los niños tienen vacaciones, podemos planear viajes sin que ningún compromiso de agenda lo impida, como nos gusta. Ahora cuando me despierto puedo planear lo que voy a hacer, sin que otros tengan que dirigir mi vida», declaró el germano, convertido ahora en el asesor deportivo mejor pagado de la historia. Seis millones anuales por descolgar el teléfono cuando se le reclama.
Respecto a su nueva función, indefinida, pero luminosa, Raikkonen ha manifestado alguna vez que no tiene por qué pedir consejo a Schumacher. Y el alemán esquiva cualquier polémica: «Estoy aquí para ayudar en lo que sea y en lo que pueda y no creo que distraiga a nadie. Estaré donde tenga que estar». Y no juzgó el fichaje de Raikkonen. Directamente lo esquivó: «No es parte de mi trabajo, lógicamente tengo mi punto de vista, pero no lo voy a decir». ENVIADO ESPECIAL