La costa asturiana es un lugar privilegiado para divisar las diferentes clases de cetáceos que habitan el Cantábrico. Calderones, rorcuales, delfines, zifios y cachalotes son compañeros habituales de aquellos que se adentran en la mar, pero también desde la costa es posible disfrutar de estos animales. A partir de ahora es el mejor momento, pues entre finales de junio y octubre es cuando más cetáceos se concentran en aguas asturianas.
Arturo Ruano es biólogo de la Fundación Nacional para la Protección de los Cetáceos del Atlántico, que preside Santiago Martínez. Este experto asegura que Asturias «es una zona muy buena para el avistamiento de cetáceos. Los mejores lugares son las zonas de cañones marinos, como el de Avilés y el de Lastres-Llanes».
Estos cañones se encuentran a unas 12 o 15 millas de la costa. El fondo marino es profundo y quebrado, superando los 600 metros. Las principales especies que se pueden contemplar aquí son calderones, delfines mulares, listados y comunes, zifios, cachalotes y rorcuales comunes, que llegan a tener unos 20 metros de longitud.
Ruano añade que «también es una buena zona El Cachucho. Lo que hace que los cetáceos vengan a estos lugares es el fondo marino, quebrado, con gargantas y cañones. Ahí se producen afloraciones de fitoplancton, que es muy importante para su alimentación».
Además, a estos mamíferos marinos también les atrae «la llegada del verano, con buenas condiciones meteorológicas y cuando se comienza a calentar el agua. Además, también llegan otras especies de peces que les sirven de alimento».
Otro profundo investigador de estos animales es Luis Laria, responsable de la Coordinadora para el Estudio y la Protección de las Especies Marinas (Cepesma), quien anima a los asturianos a disfrutar de esta experiencia, pues «es una forma bonita de ver un tipo de vida que pasa inadvertida. Hay que pensar que aún hay mucha gente que no se cree que en Asturias hay delfines».
Los principales cabos
Laria apunta algunos lugares desde los que poder observar cetáceos sin abandonar la tierra: «La zona más importante es el cabo de Peñas, seguido por otros cabos como los de Busto, Vidio o la Punta de la Vaca, en Luanco. También es fácil verlos con unos simples prismáticos desde el propio cabo de Torres». El responsable del Cepesma asegura que incluso se puede tener contacto directo con algún tipo de delfín. «En zonas de Tapia de Casariego y Valdés, como las playas de Peñarronda, Otur o Bayas, los delfines mulares se acercan mucho a los bañistas, porque son muy observadores y curiosos. Eso pasa también en la propia bahía de San Lorenzo, en Gijón».
Para quien prefiera salir en barco a la búsqueda de estos animales, Luis Laria apunta especies como los calderones comunes, los rorcuales aliblancos -cuyas hembras llegan a medir doce metros de longitud- y los zifios. Pero recalca que la costa puede ser un gran punto de observación, ya que estos animales «se acercan mucho, siguiendo los cardúmenes, y se pueden ver grupos de hasta 45 individuos, aunque lo normal es que, por ejemplo, los delfines mulares, vayan en grupos de ocho o doce. Además, a estos animales les encanta el contacto humano».
El responsable del Cepesma considera que «deberíamos tener una visión más objetiva de lo que ocurre a nuestro alrededor y escudriñar más el mar. Hay que darse cuenta de que en la misma playa hay vida».
Pero a veces, puede resultar difícil distinguir algunas de estas especies, máxime en mar abierto, donde no suele ser posible ver a estos animales en su integridad. Por eso, es necesario dar algunas claves para distinguir a estos animales, que se encuentran en una situación vulnerable.
El rorcual común es el segundo animal con mayor tamaño del planeta, después del rorcual azul. Un ejemplar adulto puede llegar a medir 25 metros y pesar unas 75 toneladas. El lomo presenta un color negro o marrón oscuro, mientras que el vientre es blanco. Vive en aguas que tengan mucha profundidad y es capaz de nadar a más de 30 kilómetros por hora.
El rorcual aliblanco es una especie muy abundante en nuestras aguas. Los machos adultos pueden llegar a medir diez metros y pesar catorce toneladas. Su lomo es gris oscuro o negro, pero presenta unas franjas claras en los flancos, que son una de sus principales características.
Cachalotes de 18 metros
Otro cetáceo muy abundante en la costa asturiana es el cachalote, cuyos mayores ejemplares llegan a los 18 metros y las 25 toneladas de peso. Una de las características que lo distingue de otros cetáceos es que cuenta con una mandíbula inferior dentada, lo que le permite comer, incluso, calamares gigantes, que captura a profundidades superiores a los 1.500 metros. Este cetáceo presenta una coloración que va desde el marrón hasta el gris pizarra y puede alcanzar los 35 kilómetros por hora en sus desplazamientos.
El calderón es uno de los más habituales de las costas del Principado. Animales esbeltos y corpulentos, tienen una cabeza en forma de globo y los adultos pueden llegar a los 6,5 metros de longitud y a pesar más de dos toneladas. Su color es negro azabache o gris oscuro y puede sumergirse a más de 600 metros.
El zifio es uno de los cetáceos de los que menos información se tiene, ya que son animales muy esquivos, pero sí se sabe que los mayores ejemplares pueden pesar cinco toneladas y medir hasta siete metros.
Finalmente, los tres tipos de delfines son los más buscados por los aficionados a las observaciones. El común, de color gris, sobrepasa los 2,6 metros y es gris, mientras que el listado es algo mayor que el anterior, de lomo azul oscuro y vientre blanco, con franjas claras en los costados. Pero sin duda, la estrella es el delfín mular, presente en todos los delfinarios y estrella del cine y la televisión. Puede llegar a los cuatro metros y pesar 650 kilos. Este animal de color gris apagado y vientre blanco o rosado es tremendamente juguetón y disfruta uniéndose a nadadores y buceadores. También se le ve en compañía de calderones y ballenas.