Domingo, 13 de mayo de 2007
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GIJÓN

ADOLFO MARIÑO ARCIPRESTE DE GIJÓN
«No me atrevería a decir que hay tesis de ruptura, yo veo fluidez entre la Iglesia y el Principado»
«Algo se va moviendo en las parroquias de Gijón de cara al sínodo, un movimiento muy tímido, muy lento, pero algo hay, y eso es importante»
«No me atrevería a decir que hay tesis de ruptura, yo veo fluidez entre la Iglesia y el Principado»
MARCO. Adolfo Mariño, en su despacho, ante el crucifijo. / L. SEVILLA
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EL PERSONAJE

EL PERSONAJE
Adolfo Mariño llegó a Gijón hace cuatro años y le ha tocado sustituir a dos de los sacerdotes más carismáticos de la Iglesia gijonesa. El primero fue el párroco de San José José Luis Martínez y, tres años después, a Fernando Fueyo como arcipreste de Gijón. Seis meses lleva desempeñando ese cargo y le va a tocar dirigir y coordinar la celebración del sínodo asturiano.

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Ve la Iglesia Católica como a un ser vivo, como a su madre, como a sí mismo, con las arrugas que afean su apariencia y con los defectos que la hacen vulnerable. Quizá por ello Adolfo Mariño habla con naturalidad de un sínodo arriesgado, de unos cristianos comprometidos, de unos laicos guerreros y de unos lenguajes errados. La quiere con un amor razonado e incondicional. El arcipreste de Gijón es la cara más humanizada de una Iglesia inmersa en su propio debate interno.

-¿Cómo va el Sínodo?

-Este año, más que crear grupos y lanzar propuestas, es un año de conversión, porque no podemos ir a la misión, a la evangelización, si nosotros no cambiamos interiormente. Es tiempo, pues, de oración, de cambio personal, comunitario y de parroquias. Y en ese sentido en casi todas las parroquias de Gijón hay algo. Yo lo comparo a la lluvia fina, la prúa asturiana, que parece que no cae, pero cala. Algo se va moviendo en las parroquias, se empieza a notar. Muy tímido, muy lento, muy poco, tampoco vamos a ganar medallas, pero algo hay. Y eso es importante.

-¿La participación es el problema?

-Es difícil concienciar a la gente, no sólo a los laicos, sino también a nosotros mismos, de la necesidad de un sínodo, pero el sínodo no nació por el capricho de un obispo, sino a consecuencia de multitud de consultas a sacerdotes, religiosos y laicos. Y en Gijón hubo una consulta muy extensa, unos 700 laicos. Y mayoritariamente dijeron sí al sínodo porque vieron la necesidad de renovar la vida de la Iglesia en Asturias. Son tiempos en los que estamos un poco adormecidos, necesitamos espabilar, esfoyetar, como decimos en Asturias. Además, fueron los laicos los que pidieron el sínodo en el Consejo Pastoral Diocesano. ¿Que es arriesgado? Sí, pero a veces hay que dejar también un poco de resquicio al Espíritu Santo, porque todo lo calculamos tanto, lo medimos tanto, lo pesamos tanto, que a veces da la impresión de que somos nosotros los que vamos a sacar esto adelante y no este de aquí atrás.

-La comunidad cristiana asturiana es más combativa que la Iglesia institucional, ¿puede llegar a darse un conflicto interno?

-Quizá en un principio alguna gente pensó 'esta es la nuestra', pero un sínodo no puede ir en contra de lo que la Iglesia está viviendo, porque esa no es su función. Su función es la renovación interior de la vida eclesial y, al mismo tiempo, dar respuestas en este momento concreto de Asturias. No podemos estar al margen de ella, porque somos parte de esa sociedad y nosotros, como creyentes, tenemos que responder e iluminar también a este mundo concreto. Con mucho respeto y con mucho diálogo, pero desde lo que somos. A veces pienso si nos equivocamos un poco en eso, pero estoy convencido de que los laicos van a tirar por el sínodo.

-Da la impresión de que no ve muy claro el asunto.

-No soy un iluso, no espero que haya grandes masas de gente participando, somos los que somos, estamos los que estamos y las parroquias tenemos el voluntariado que tenemos. Por cierto, inmejorable. Y no lo digo por quedar bien. Hay muchas madres de familia, algunos jóvenes y mucha gente que dedica muchas horas a la iglesia de Gijón. Catequesis, cáritas, enseñando a fregar y a cocinar y a coser a las mujeres inmigrantes para que tengan un puesto de trabajo después, formación de adultos... No estamos hablando de cien o doscientas personas, estamos hablando de dos ó tres mil voluntarios en Gijón al servicio de la Iglesia. Ante el grupo de Cáritas hay que quitarse la boina. Con esto quiero decir que no todos los laicos lo van a asumir, pero sí que los laicos van a responder. No en masa, porque somos los que somos, pero van a responder.

-Los cristianos de base gijoneses siempre fueron muy batalladores, ¿son la punta de lanza?

-Cristianos de base somos todos, cuando una persona es coherente con su fe es cristiano de base. En lo que quizás nos debatimos más es en cuestión de fidelidades. Una a Jesús de Nazaret, con lo que eso implica, y otra a la fidelidad a la Iglesia. Y es verdad que la Iglesia no se pone guapa. Yo quería más a mi madre cuando era más joven que cuando estaba arrugada, pero es mi madre. Esas dos fidelidades no son fáciles de mantener. Quizá sea más fácil de mantener la de Jesús de Nazaret que la de la Iglesia con sus arrugas, no obstante creo que hay que mantener ambas, seas cristiano de base o no.

-¿Es cuestión de compromiso?

-Yo admiro profundamente a mucha gente que está trabajando con los cristianos de base porque son gente que van por todo y se comprometen de una manera determinada en este mundo concreto. Dios dice que vomita de su boca a los templados, que a los fríos y los calientes los admite. Es decir, que a esta gente, que a veces ha sido tan criticada y vilipendiada, a lo mejor, por la Iglesia oficial, hay que escucharla. ¿Que no tienen toda la razón? Tampoco la tengo yo. ¿Que hay ocasiones en que hay que entrar en un diálogo más profundo? También conmigo, contigo o con cualquiera. Son gente honesta, comprometida y profundamente creyente. Y, además, la pluralidad es buena. El uniformismo empobrece.

-Los cristianos de Gijón pidieron al arzobispo un lenguaje claro.

-El problema que tiene la Iglesia es que los textos que salen para el sínodo son muy altos, muy altos, es decir, que el lenguaje que utilizan es tan preciso, que no llega a la gente. A lo mejor tiene que ser teológicamente preciso, pero entonces la misión de las parroquias o de los religiosos es acercar ese lenguaje a la gente. Y yo creo que eso es algo deficitario todavía en la vida de la Iglesia. Tenemos que acercar el lenguaje de la Iglesia oficial al pueblo de Dios, porque Jesús hablaba en parábolas. Entre lo oficial y el pueblo de Dios, entre el que me encuentro también yo, hay un déficit muy grande. No se transmite con claridad la vida de los cristianos.

-¿Participa de esa idea de crispación, de ruptura, que manifestó el arzobispo el pasado miércoles en el Ateneo Jovellanos?

-Lo que sí veo es que, en este momento, esa crispación nacional aquí no se da. De hecho, creo que las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno autonómico son fluidas. A lo que él se refirió en la charla es a ese laicismo que va segando, que va reduciéndonos a la sacristía, y eso sí se nota. En manifestaciones no sólo de tipo político, sino de literatos, de filósofos o de hombres de ciencia se está produciendo mucha crítica a todo lo que significa Iglesia, a todo lo que significa la fe. Es ese ateismo a veces rancio del siglo XIX que todavía hay gente que lo mantiene. Si es a eso a lo que se refiere el arzobispo, sí estoy de acuerdo.

-No parece que haya sido ese el sentido. Dijo que España ha vuelto a tesis de ruptura y que peligran la reconciliación y el consenso constitucional.

-Yo no me atrevería a decir tanto. Quizá porque esa frase tiene un eco importante y viene de determinada familia. Sí es verdad que hay un ambiente determinado en el que se mantiene que, como yo gobierno y tengo los votos, hago esto o lo otro. Y no lo digo por el PSOE ¿eh?, lo digo por el que estaba o por el que estará. Entre la Iglesia y el Estado falta mucho diálogo y falta el puente que dé un poco de frescor y de paz a las relaciones. Y pienso que falta gente de Iglesia que haga esto y políticos que hagan lo mismo.

-¿No le sorprendió la beligerancia de esas declaraciones?

-A mí lo que me sorprende es que no haya habido respuesta. Ningún político salió a corregir eso. ¿Quiere decir que tiene razón? ¿Quiere decir que estamos en un momento electoral y no interesa decir nada? ¿O quiere decir que la Iglesia no interesa para nada y no importa lo que diga? No lo sé, pero yo no diría tanto como eso.

-Usted representa a la parte más socializante de la Iglesia.

-Es que la Iglesia no puede olvidar quién fue su fundador y la tarea que de Jesús fue socializante. Corremos el peligro, con alguna gente bienpensante de nuestras comunidades, de que crean que hablar de estas cosas es meterse en política. No es meterse en política, es el evangelio. La Iglesia no puede estar nada más que al lado de quienes sufren: drogadictos, enfermos de sida, alcohólicos, una madre maltratada, un marido maltratado... Ante todas esas situaciones de la vida, la Iglesia tiene que tomar postura. Pero no por quedar bien ante la sociedad, sino por que es su misión. Si no, convertiríamos la fe en una ideología y yo dejaría de ser cura.

 
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