Domingo, 13 de mayo de 2007
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SOCIEDAD Y CULTURA

LOS NUEVOS SOLTEROS
Impares, 'singles', nones...
La soltería ha dejado de ser un estigma para convertirse, muchas veces, en un privilegio. Y el mercado se ha lanzado a atender las necesidades de quienes viven solos
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La soltería ha dejado de ser un estigma. Hasta avanzado el siglo XX, la persona sin pareja o sin familia cargaba con el sambenito de una soledad que, cuando no era la consecuencia de su mala cabeza o el tributo de una vida disipada, solía achacarse a carencias personales de diverso tipo. Era el caso de la mujer poco agraciada que pagaba su falta de belleza con el destino de 'vestir santos'. O del hombre que no conseguía promocionar profesionalmente y tenía que aplazar a la fuerza los proyectos de contraer matrimonio y tener hijos.

La mala prensa del solterón como sinónimo de irresponsable que huye de los compromisos toca a su fin. Ahora se presenta una opción de vida más, un fenómeno consolidado como alternativa al modelo de familia tradicional que incluso tiene su toque de prestigio. En España son más de 8 millones las personas de entre 25 y 65 años que viven sin pareja, ya sean solteros, viudos, divorciados o separados. Aunque una parte de ellos esté insatisfecha con su condición, la mayoría ha escogido la independencia por voluntad propia. Están mejor así. Prefieren arreglárselas solas que en compañía, porque lo que antes era una condena empieza a considerarse hoy un privilegio.

Y es un privilegio porque ya no se asocia tanto con el fracaso vital, la soledad o el aislamiento, como con un sistema de valores en boga que entroniza el yo, la autonomía, la intimidad y el derecho a la libertad privada. Tal vez de ahí provengan los empeños por reemplazar en el lenguaje la vieja etiqueta de 'solterón' por nuevos eufemismos: 'singles', 'impares' o 'nones'. A nadie se le oculta que esa pequeña revolución lingüística es algo más que un lavado de cara. Responde al interés que está mostrando el mercado hacia los colectivos de 'singles', un nicho de consumo bastante apetitoso no solamente por su número sino también por el poder adquisitivo medio de sus integrantes.

Los negocios orientados directamente a los 'singles' crecen vertiginosamente en los más diversos sectores. Un buen número afectan al sector del turismo, desde viajes a destinos exóticos hasta reuniones en parajes «con encanto». Abundan las empresas que prestan servicios domésticos, o cursos de formación en actividades artísticas y de entretenimiento, a la vez que los hipermercados empiezan a ofrecer comidas preparadas en envases individuales. En casi todas las ciudades de cierto tamaño han surgido empresas de 'speedating': citas rápidas que permiten conocer a varias personas en poco tiempo sin depender de un amigo o un pariente que haga de intermediario, y sobre todo sin tener que exhibirse como 'solitario en busca de compañía' entre la anónima muchedumbre de los bares y las discotecas. Asimismo las industrias de ropa, de complementos, de perfumería, de cosmética y cuidado corporal, y también las culturales -de libros, de discos- apuntan cada vez más a los 'singles' como destinatarios preferentes de sus campañas publicitarias.

Pero las motivaciones de los impares no son siempre las mismas. Hay quienes han escogido vivir solos por una decisión libre y consciente, convencidos de que es la mejor fórmula, pero otros lo hacen porque no tienen más remedio. Los primeros suelen ser individuos con un elevado grado de autonomía, celosos de su intimidad, volcados en metas relacionadas con el trabajo y el éxito profesional (y en ocasiones con alguna forma de militancia religiosa o humanitaria), cultivadores de aficiones, y en no pocos casos un punto egoístas: ven a los demás como intrusos con quienes se resisten a compartir su mundo personal. Eso no significa que carezcan de habilidades sociales; muchas veces el 'single' voluntario goza de un amplio círculo de amistades, y eso le reafirma en su opción en la medida que puede alternar entre la soledad y la compañía sin renunciar a las ventajas de ambas.

«Amor líquido»

Al lado de estos impares hay, sin embargo, una nutrida legión de solteros forzosos o a su pesar que han desembocado en la soledad por diferentes causas. Aunque aparenten haber descartado la vida en pareja por voluntad propia, desearían tener a su lado alguien con quien compartir la intimidad. El motivo por el que viven solos puede ser la pérdida -la separación, la viudedad-, el miedo al compromiso, la timidez, el carácter difícil o, en fin, el perfeccionismo de quien siempre encuentra defectos en las personas con las que eventualmente podría convivir.

Como explica Zygmunt Bauman, vivimos una época de «amor líquido» en donde las relaciones se aligeran, pierden consistencia, van y vienen desplazando una a otras. La postura vital de más de un impar es por eso paradójica: de una parte, se parapeta en su soledad como un tesoro del que no quiere desprenderse; de otra, traslada su nostalgia de compañía a la multiplicación de relaciones (lo que no debe entenderse forzosamente como promiscuidad), a la búsqueda de encuentros sucesivos e intermitentes. Junto a la nueva mentalidad del 'single' que asume su condición resuelta y creativamente, está la del indeciso, insatisfecho e inmaduro para quien los otros son compañías de usar y tirar según el viento que sople.

 
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