A Javier Villa, a quien Bernie Ecclestone saludó en la parrilla de salida y felicitó por su trabajo, le bastó ayer en Montmeló con una gran arrancada y con mantener la cabeza fría para marcar un hito. En la salida, pisó el acelerador a fondo, tiró para delante y dejó a su estela a su compañero Sergio Jiménez. Después, con una ración a partes iguales de habilidad, paciencia y sufrimiento, mantuvo a raya a Lucas di Grassi, que le tuvo en su punto de mira durante buena parte de las 25 vueltas de la segunda sesión de las GP2 Series, pero en vano.
Cuando cruzó la meta en segundo lugar, tras un incuestionable Timo Glock, un estado de locura general se apoderó del circuito catalán, plagado de compatriotas del colungués. No era para menos. Javier Villa respondía a la expectación creada con su primer podio en la categoría -es sétimo en la clasificación del Mundial-. Imposible imaginárlo el viernes, cuando en la crono se situó último por un problema de la bomba de gasolina. Incluso ayer, pese a que el Racing Engineering, merced a su octavo puesto del sábado, partía desde la 'pole'.
Todo este presente glorioso se viene fraguando desde hace tiempos. Tiene unas condiciones innatas, a las que sólo los problemas mecánicos de su Dallara esta temporada han puesto freno. Hasta ayer. Como es habitual, el asturiano lo dio todo en la pista. Tuvo claro que el iSport Internacional de Glock era más rápido que el suyo y asumió algo que puede sonar extraño en un mundo tan competitivo. El colungués lo explicó a su manera: «Era muy rápido y decidí no poner ningún impedimento porque eso sólo supondría frenarme y perder más tiempo».
El adelantamiento llegó en la vuelta siete. Fue un visto y no visto. Al final de la recta principal. Villa intentó seguirle, pero Glock viajaba en una clase superior. El problema para el de Racing Engineering venía por detrás. Vio cómo la diferencia que mantenía con sus rivales disminuía lentamente. De los 2,3 segundos que llegó atener sobre Di Grassi a las cinco décimas finales pasaron unos giros infernales.
Villa dio una lección de pilotaje. Fue consciente de que le pisaban los talones y se dedicó a seguir a su ritmo, que se demostraba ligeramente peor que la de su inmediato perseguidor, pero de forma serena, aunque el Dallara número 14 perdía décimas en el último parcial. «Las últimas vueltas han sido muy complicadas porque empecé a notar muchos problemas atrás. Además, había un par de curvas que me resultaban difíciles y en las que perdía mucho tiempo. Pero, al final, lo he podido demostrar», aseguraba el piloto de Racingo Engineering.
El coche del asturiano cambió de cara ayer. Fiable y rápido, dio a Villa la posibilidad de inaugurar su cuenta de honor en las GP2. Eso y la ayuda que le prestó, inesperadamente, un Bruno Senna que empezó a poner nervioso a Di Grassi a falta de tres giros. El brasileño, más pendiente de no perder su tercera plaza en favor del brasileño que de seguir acechando al colungués, dio aire a Javier.
Villa cruzó la meta y no perdió ni un instante para dedicar su segundo puesto a la afición. Con el brazo en alto, les fue señalando en una vuelta de honor lenta como la que más. Después, cuando se bajó del coche, no paró de sonreír, aplaudir y felicitar a sus mecánicos, ingenieros y al patrón del equipo, Alfonso de Orleans. Después, fiesta por todo lo alto en la carpa de Racing Engineering.