Edwin Congo fue el jugador más determinante del Sporting en el encuentro contra el Numancia. Marcó el colombiano un gol antológico, con el que se firmó una victoria, necesaria, para los rojiblancos. Además del aplauso de la afición, su nombre fue coreado por sus compañeros y se llevó los mejores elogios de su entrenador.
-¿Cómo recuerda el gol ante el Numancia?
-Fue una cuestión de instinto. El equipo se encontraba en una situación en la que nos era muy necesario ganar de cualquier forma. El partido se nos puso muy complicado, por todos los aditamentos que se fueron cargando en el desarrollo del partido. Ya era hora de tener un sábado con un poco más de suerte. Afortunadamente se dio.
-La jugada se inició en un centro de Noel Alonso.
-Salíamos de un ataque que había iniciado el Numancia por nuestra banda izquierda. Fue un balón que le cuelgan a Barral y que quedó suelto después de tocarla, cuando estaba marcado por su defensa. Alcancé a llegar, driblé a uno o a dos jugadores rivales y disparé a portería, porque no había otra opción. Lo único que quería era anotar. Fue un gol que marcó todo El Molinón.
-Pero el disparo fue suyo.
-La fuerza fue la de todos. Puede decirse que era parte del sufrimiento que estábamos padeciendo todo el partido.
-¿Qué significa para el Sporting esta victoria sobre el equipo soriano?
-Nos da mucha tranquilidad, mucha confianza y mucha seguridad para poder afrontar el siguiente compromiso con un talante mucho más positivo, seguros de lo que estamos haciendo. Es un triunfo que le proporciona mucha confianza al equipo para solucionar la crisis en la que estábamos.
-El público le mostró su admiración por la dedicación que tuvo durante todo el encuentro.
-Es lo que se viene realizando todo el año, pero no sólo yo. El comportamiento fue excepcional por parte de los nueve jugadores que estábamos en el campo. A mí me tocó marcar, pero el trabajo fue extraordinario por parte de todos. Por ejemplo, Javi Fuego corrió mucho, pero lo mismo que todo el equipo. Eso se nota para poder ponernos por encima de un rival que tenía dos jugadores más y para llegar a la portería contraria en muchas ocasiones. Demostramos que en Mareo se está trabajando bien. Fue bastante positivo para nosotros.
-¿En la superioridad numérica del Numancia no incluyó al árbitro Mateu Lahoz?
-No. Él hace su trabajo y puede equivocarse. Es una labor muy difícil la que tiene que desarrollar, aunque estamos acostumbrados a vernos en este tipo de situaciones.
-¿Considera que era más difícil señalar el penalti que mostrarle una tarjeta amarilla?
-El colegiado tiene la posibilidad de elegir. Si se equivoca no hay nada que hacer, por eso no podemos fijarnos mucho en ello. A la hora de la verdad, siempre tendrá la voz y el mando de hacer lo que cree más conveniente en ese momento. No considero que los árbitros vengan con la intención de perjudicarnos, pero hay muchas jugadas en las que no salimos bien parados esta temporada.
-¿Cómo lo entiende entonces?
-Lo dejo como si fueran cosas del destino. Es mejor olvidarnos de los árbitros. Creo que no tiene sentido entrar en ese tipo de asuntos.
-Cuando no le pitó el penalti que le hizo Juanra optó por no protestar, cuando lo lógico era haber mostrado su enfado.
-No podía hacer nada. Si él lo ve así, es una cuestión de apreciación. El árbitro considera que no fue penalti y que merecía la amonestación. Tengo que aceptarlo, porque no puedo hacer otra cosa. En estos casos, la única solución para el futuro es pensar en trabajar el doble.
No es de este mundo
-¿No le pareció claro el penalti?
-Si le digo la verdad, no lo tengo muy claro. Es posible. Quería hacer lo mejor para mi equipo, pero no sé lo que ve el árbitro y si acierta. No hay que entrar en esas cosas.
-Los compañeros corearon su nombre en el vestuario tras el partido y el entrenador lo elogió hasta el punto de decir que usted no es de este mundo.
-El míster siempre lo dice. Manolo Preciado es una gran persona, me ayudó mucho y siempre me aportó demasiadas cosas. No es que sea de otro mundo. Lo único que hice fue trabajar, nada extraordinario. Es mi labor. Correr, como el resto de mis compañeros, y siempre cuando mantengamos el orden y las ganas de hacer las cosas, todo puede salir tarde o temprano. El resultado es el esfuerzo de mucha gente, incluso de la afición.
-¿Qué le pareció el ambiente que encontró el sábado en El Molinón?
-Nunca había vivido algo similar en un campo de fútbol. Las voces, los gritos y los pitos lograron que se ahogara el silbato del árbitro, que es bastante complicado en un terreno de juego. A cinco metros no podías hablar, porque no era posible entenderse. Eso es gratificante. Es algo que te tiene que mover. Lo que aciertas viene en función del trabajo realizado. No creo que sea algo anormal.
-¿Se siente más querido en Gijón?
-En cada lugar se te quiere de una forma. Del apoyo del público, a escala personal, me quedo con el día de mi cumpleaños, porque eso es algo que llega al alma. Son detalles que nunca se olvidan. Los llevas en la cabeza. No es adecuado pensar que se te quiere más en un sitio que en otro.
-¿Tiene más claro su futuro con estas muestras de apoyo para quedarse en Gijón?
-Mi futuro ahora es jugar el sábado y ganar. Luego, que sea lo que Dios quiera. Tengo muchas intenciones y si vine a Gijón fue porque quería hacer cosas importantes. Ahora sólo me preocupa pensar en el sábado y en ganar al Salamanca, para colaborar en que el equipo pueda alcanzar un estado de tranquilidad que también afecte a la ciudad. Luego ya tendremos tiempo a pensar en lo que pueda pasar.