Cristina Rubio tiene 33 años y lleva enferma desde los 30, pero los médicos no le dieron un diagnóstico concreto hasta hace doce meses, cuando le contaron que padece fibromialgia. «Esta enfermedad no es ningún invento. A mí me destroza, no puedo hacer una vida normal, tengo problemas de sueño, estoy cansada y esto altera tu vida: no puedo salir con mis amigas por la noche y encima la gente cree que no es algo real, que lo que tengo es cuento», asegura.
Ayer participó junto a medio centenar de personas en una marcha organizada por la Liga Reumatológica Asturiana para dar a conocer la fibromialgia. «Es una enfermedad reumática no articular que se caracteriza por dolor generalizado y sensación dolorosa a la presión de unos puntos específicos», explica el folleto que la asociación repartió entre la gente que paseaba por el Náutico. 'Me muevo por ti' fue el lema de un día en el que hubo concentraciones de este tipo no sólo en Gijón, sino también en Oviedo, Avilés, Mieres y Langreo.
«En Asturias hay 25.000 personas afectadas por la fibromialgia y el Gobierno cree que hay que apoyarlas. Además, de cada 10 enfermos, 9 son mujeres», apuntó la consejera de la Presidencia, María José Ramos, quien acudió al encuentro con su bicicleta BH y vistió la camiseta blanca y malva repartida por la asociación. Junto a ella estaba Mario de Sárraga, un ciclista profesional ovetense que corre con el equipo Relax-GAM Fuenlabrada.
«Una cruz»
Sárraga admitió que hasta ahora ignoraba la existencia de la enfermedad y se mostró sorprendido de su incidencia. No es el único, porque los propios afectados saben que, para muchos, la fibromialgia es una gran desconocida, hasta que alguien cercano la padece. Lo sabe bien Ramón Villanueva, porque su hermana tiene fibromialgia. «Es una cruz para toda la vida que da problemas de músculos, de articulaciones... Y como dicen que no existe, no hay apoyos», explicaba Ramón.
Maribel Hernández Campos, responsable de la Liga Reumatológica Asturiana en Gijón, Confirmaba con experiencias el dato: «Hay gente que ha tenido que esperar cinco años para que le dieran un diagnóstico». Teme que la fibromialgia pueda convertirse en «un saco donde todo tiene cabida y si no saben qué te pasa, te meten ahí». Y eso perjudica la imagen de los enfermos. Ella la padece desde hace tres años. «Es real y dolorosa. Hay días que no te puedes levantar de la cama de tanto dolor», decía Maribel. Ayer hizo un esfuerzo y lució su mejor sonrisa para explicar su enfermedad y pedir «que se tome en serio».