¿Se imaginan el casco antiguo sin la Catedral? Para los vecinos de San Lázaro su joya, dicen, es la residencia de mayores, La Malatería. Lleva años, siglos allí, y sus habitantes no quieren que las cosas cambien. Sus aspiraciones no casaban con los proyectos iniciales de la Consejería de Vivienda y Bienestar Social, que prevé su traslado a la falda del monte Naranco, junto a la actual residencia de ancianos, y convertirlo en su nuevo emplazamiento en el tercer centro polivalente de recursos de la tercera edad del municipio. La oferta se dirigirá a personas que necesitan asistencia, que no se valen por sí mismas. Al edificio de San Lázaro quiere llevar las oficinas de Establecimientos Residenciales para Ancianos de Asturias (ERA), ahora encajonadas en Arzobispo Guisásola, y el Instituto de la Infancia. Pero, ahora, las previsiones pueden alterarse: Bienestar Social anuncia nuevos servicios que presentará a los vecinos en una inminente reunión.
Para culminar su proyecto quedan por lo menos cuatro años: un año o dos para construir y equipar el nuevo centro del Naranco y otro tanto para adecuar para su nuevo fin La Malatería. Pero la Asociación de Vecinos de San Lázaro-Otero no quiere perder un minuto y acabar presenciando cómo sus ancianitos se van a otra parte. Quiere las cosas claras antes de que las palas comiencen a funcionar.
El equipo de gobierno propuso al Principado en marzo, con el apoyo de todos los grupos políticos municipales, convertir la residencia en centro de día. Los socialistas sugirieron, dado que la oferta quedará cubierta con los dos nuevos que se van a crear en La Tenderina y el Naranco, la apertura de «un hotel de asociaciones o una casa de encuentro para mujeres». En medio de esta tormenta de ideas, y apenas unos días después, el gerente del ERA, Faustino Álvarez, manifestó que en el edificio destinado a oficinas habrá también espacio para «algún equipamiento más». El abanico se iba abriendo.
El 19 de abril, cinco asociaciones de la zona, incluida la vecinal, reclamaron un «servicio para el barrio». No estaban solos: casi al unísono, el alcalde defendió en un acto público la permanencia del equipamiento social.
Los habitantes del barrio reclamaron conocer, de primera mano y por escrito, los planes del Gobierno regional. El lunes pasado, en un acto electoral, el viceconsejero de Bienestar Social, Ángel González, se comprometió a reunirse con ellos. Pendientes de fijar una fecha que encaje en las agendas de ambas partes, el encuentro se celebrará en los próximos días. «Si no va el viceconsejero, no nos vale», afirma una representante del barrio. La única información de que disponen los vecinos es que «nos iba a gustar los que nos va a presentar», comentó su presidenta, Teresa Martín. No saben si será el centro de día para la tercera edad que propuso el Ayuntamiento, una guardería u otro tipo de servicio. Lo único que ha avanzado la consejería es que La Malatería albergará, dentro de cuatro años cuando esté finalizada la reforma, «un proyecto más amplio del que se había anunciado con anterioridad». ¿Una residencia? Parece una idea desechada. En una entrevista concedida a EL COMERCIO en agosto de 2006, Ángel González, manifestó que una reforma adecuada de La Malatería supondría la pérdida del 30 o el 40% de las 86 plazas actuales.
Habrá que esperar para conocer su propuesta hasta el encuentro con los habitantes de San Lázaro.