Lunes, 14 de mayo de 2007
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Alonso perdió su apuesta en la primera curva de Montmeló
Fernando Alonso acaba tercero después de atacar sin éxito en la primera curva a Massa, que logró la victoria por delante de Hamilton El británico de McLaren se convierte en el piloto más joven que alcanza el liderato del Mundial de Fórmula-1
Alonso perdió su apuesta en la primera curva de Montmeló
PERCANCE. Fernando Alonso y su McLaren se dieron un paseo por fuera de la pista. / EFE
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La parroquia comenzó a vaciar las tribunas antes de las tres y media, previsora la marea frente al desafío de regresar a Barcelona por la AP-7, un infernal embudo desde las comarcales de Montmeló que convierte al circuito en una ratonera. Era como tragarse la enésima edición de 'Pesadilla de Elm Street' una vez que Freddy Krueger ha colgado el guante o el 4-0 para un culé en Getafe. Insoportable. Fernando Alonso depositó toda su energía en una curva y la jugada le salió rana. Acabó tercero, vencido por la confluencia de adversidades. Su contrincante en ese giro, Felipe Massa, ganó la carrera y su compañero en McLaren, Lewis Hamilton, es el nuevo líder del Mundial.

Miraban al cielo los amigos de Alonso, pendientes de un detalle inexplorado en los prolegómenos de la carrera. El viento, su dirección, la intensidad. Los ojos buscaban las banderas multinacionales que decoran la recta de meta de Montmeló y del análisis surgió un diagnóstico: el aire en contra en la primera curva obligaba a cambiar los puntos de frenada. Y justo en ese instante, cambiaba de orientación, soplaba de costado y se ponía a favor en la parte del estadio, en el sentido inverso a la salida.

Eso se traducía en lenguaje Alonso en que debía retrasar el frenazo para adelantar a Felipe Massa en la primera curva y acelerarlo cuando diese la vuelta en dirección a la línea de meta. Una conjetura más para calibrar en el momento supremo de la actualidad de este deporte que, salvo malabarismo de Ecclestone, se ventila en dos escenarios únicos: la salida y las paradas.

No hay más en la Fórmula-1 de hoy, convertida en una moneda al aire por lo que respecta a la emoción. La salida representa el cincuenta por ciento, tal vez más, y la estrategia de los ingenieros, la carga de gasolina, la velocidad de los mecánicos con las pistolas, la otra mitad.

Lo demás es 'catenaccio' puro y duro. Pilotos y coches dando vueltas, marcando tiempos, exprimiendo centésimas, sin un adelantamiento que llevarse a la boca. Sólo en la salida, en esa mezcla explosiva donde intervienen el arrojo, la sagacidad, la astucia y el viento, afloran emociones comunes, compartidas por cualquier mortal que se planta delante de un televisor o participa en el espectáculo de una grada.

Alonso extrajo su valentía del cajón, exigió lo mejor de Massa y desechó el espíritu conservador. Quiso eliminar la distancia que le separaba del brasileño en la parrilla (siete metros de la 'pole' al segundo clasificado) en un ataque por fuera, por el flanco más complicado, donde se recorren más metros y el riesgo de salir despedido es mayor. Para eso Massa cerró el ángulo que dejó abierto en Malasia y le costó un disgusto: tenía la 'pole' y le sobrepasaron Alonso y Hamilton.

El asturiano volcó su adrenalina en esa frenada y Massa resistió por las buenas o por las malas. No se adivinó una maniobra de estercolero, ni un volantazo tenebroso, ni algo que convirtiese en flagrante la salida de pista del campeón del mundo, que terminó rodando cuarenta metros por la arena mientras le rebasaban Hamilton y Raikkonen.

Alonso iba por delante del brasileño, pero también es cierto que éste no podía desaparecer. Discusión, en cualquier caso, típica de penalti controvertido. Lo fue para unos y no lo fue para otros.

Esa elipse decretó el signo de la carrera. Como una mano sabia que separa la paja del grano. Massa se fue, a horcajadas de un Ferrari que funcionó un punto por encima de McLaren en Montmeló. Hamilton navegó feliz y solvente en dirección hacia su primer 'maillot' amarillo del Mundial, Raikkonen purgó la hiel de un abandono imprevisto (problema eléctrico, dice el comunicado de Ferrari, siempre algún problema ingobernable) y Fernando Alonso corrió sensato en espera de un milagro que no llegó. Si su coche quedó dañado por el incidente con Massa, lo sabrán él y sus ingenieros.

Intentó un cambio de tercio montando neumáticos duros en el tramo final, pero nada. Montmeló cayó en una secuencia depresiva, vuelta a vuelta en rebaja de decibelios, la gente en regresión hasta que el rugido inicial de la salida se transformó en un velatorio. Sólo el ruido de los motores en estampida sin acompañamiento de la grada. La parroquia dimitió. Se hizo el silencio total.

Y la gente enfiló camino en dirección a la AP-7 en espera de que otro año será. ENVIADO ESPECIAL

 
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