Hay días en que el infierno se hiela a varios kilómetros de altitud sobre el nivel del mar. Lo saben las gentes del piolet que en algún trance han sentido sobre sus cabezas el aliento gélido de la montaña. El gijonés Nacho Orviz vivió una de ésas hace un año, a lomos del Dhaulagiri (8.167 metros), cuando un temporal de frío y viento le alejó de la gesta. Le acompañaba Ricardo Valencia, amigo y compañero del himalayista asturiano, al que atrapó la muerte anteayer en el mismo escenario.
Un alud de hielo sepultó la tienda en la que descansaba el navarro, en el campo dos. El aragonés Javier Serrano y la austriaca Gerlinde Kaltenbruner desafiaron la lógica de la naturaleza y salvaron sus vidas, pero la montaña nepalesa se cobró las del también aragonés Santiago Segaste y la de Ricardo, que el domingo soñaban con la cumbre del 'Dhaula'.
Ricardo Valencia Martínez, de 48 años y natural de Salinas de Ibargoiti, se había enfrentado al Manaslu (8.163 metros) con Nacho Orviz en mayo de 2006. El mal tiempo frustró el asalto a la cumbre, pero ese verano la suerte les acompañó hasta la cima del Nanga Parbat pakistaní (8.125 metros) en la Expedición 8000 EL COMERCIO. Hace un año lo intentaron en el Dhaulagiri.
Se habían conocido en la primavera de 2005, en el campo base del Makalu (8.463 metros), la quinta cima del planeta, que ambos apuntaron en su cuaderno de conquistas. Para el gijonés era su primer 'ochomil' y el navarro había ascendido ya el Cho-Oyu (8.201 metros) y el Gasherbrum II (8.035 metros).
A Nacho Orviz le alcanzó ayer la noticia del fallecimiento de su amigo en los Estados Unidos, donde disfruta de unos días de descanso. «Ricardo y yo pasamos muchos meses juntos bajo la misma tienda, formábamos pareja de mus y él solía decirme que estaba más tiempo conmigo que con su mujer. Juntos vivimos momentos buenos y malos, como en el Manaslu y en 'Dhaula'. En ese campo dos en el que murió nos pilló una tormenta fuerte el año pasado, en el primer intento de cumbre. Era un lugar de mucho riesgo, así que la segunda vez lo saltamos, evitamos dormir allí», recuerda el bombero gijonés, que en la misma zona había perdido a la que fue su compañera de expediciones, la francesa Chantal Maudit. La agresividad de esa montaña la confirma el hecho de que este mismo año ya había muerto en ella el italiano Sergio Dalla Longa, mientras el ovetense Jorge Egocheaga sufrió una caída y permanece hospitalizado en Gijón con congelaciones en las manos y los pies.
Nacho, sabedor de que el Himalaya da y quita amigos sin condescendencia, muestra, pese a todo, su incredulidad ante lo ocurrido. «Acabo de hablar con su viuda, es un palo tremendo. 'Richi' era una persona entrañable, con un talante y una calidad humana impresionantes, y deja tras de sí un gran vacío. Y era un himalayista duro, que se adaptaba a las peores circunstancias», asegura. Ahora, reconoce su compañero de cordada, recuperar el cadáver se plantea casi como una misión imposible. En no pocas ocasiones, la montaña atesora los cuerpos de los hombres y mujeres que arriesgan y la desafían como dignos contendientes.