A finales de mayo algunas de las zonas verdes de la ciudad que en estos últimos meses han lucido tulipanes, caléndulas o narcisos se llenarán de begonias, petunias, girasoles, geranios, plumeros y gitanas, y otras casi 40 especies de flores y plantas. Todas ellas se han producido en el vivero municipal de Gijón, un espacio de 14.000 metros cuadrados de Cabueñes de donde salen todos los años unas 260.000 plantas de temporada. Porque Gijón es una de las pocas ciudades que no compra sus plantas, sino que las produce. Es una cuestión de filosofía, pero también monetaria: compradas, cada planta cuesta entre 50 y 80 céntimos. En el vivero, el coste es cinco veces más barato. Por eso, en Gijón sólo se compran para actuaciones o festejos muy concretos. En cualquier caso, el invernadero dispone de un presupuesto anual de unos 60.000 euros.
Con lo que se produce en Cabueñes, Gijón 'adorna' 15.000 metros cuadrados de jardines. Y todo, desde el invernadero de producción, otros tres más de endurecimiento, un umbráculo y muchas cajoneras. De todo el proceso se encargan dos personas fijas, que casi siempre están acompañadas por personal de refuerzo. Ellos cuidan, también, de árboles afectados por obras o de palmeras que esperan ser trasplantadas a lugares seguros. En ocasiones, están en Cabueñes durante años. Aquí se cuidó durante casi un año, por ejemplo, la viña que ahora luce en la villa romana de Veranes. Y aquí hubiera venido, si finalmente hubiera sido necesario, la palmera que da nombre a la casa de la calle de Cabrales donde tiene su nueva sede la Sociedad Municipal del Teatro Jovellanos. También desde el vivero se recoge material de alguna carbayera, para replantar después. Y aquí también se hacen 'experimentos', se prueba a plantar arbustos nuevos y ver cómo funciona el proceso.
Pero, lo que es seguro, es que cada mes de mayo los encargados y oficiales de jardinería del Ayuntamiento van al vivero a elegir las flores que quieren plantar en sus zonas para la temporada de verano. Y en octubre, para el invierno. La oferta con la que cuentan es casi igual cada temporada, aunque siempre, entre las más de 40 especies disponibles -de las que siempre hay muestras en un parterre del Jardín Botánico-, hay un 5% que son nuevas respecto al año anterior. Cuando ellos llegan, casi todo el proceso está finalizado. Porque mucho antes, los trabajadores del vivero han comenzado la labor en los semilleros, con los cotiledones (primera hoja del embrión de las plantas), que son luego trasplantados. Y llega el repicado, cuando cada planta con hojas verdaderas es trasladada a un recipiente individualizado.
Todo ese proceso cambiará bastante con la puesta en marcha de la planta enmacetadora. Será dentro de unos meses, cuando estén finalizadas las obras del nuevo edificio que se construye, y que cuenta con un presupuesto de casi 80.000 euros. El inmueble albergará un taller de trabajo, oficinas y vestuarios, además de la citada enmacetadora, que permitirá mecanizar esa primera parte de la producción, convirtiéndola en un proceso más eficaz.
Lo que no cambiarán serán la siguientes fases. Las plantas pasan primero por el invernadero de producción, caliente, con luz natural y pantalla para cubrirlo cuando da demasiado el sol. Las que necesitan más sombra son trasladadas luego al umbráculo. El resto, esperan en alguno de los otros tres invernaderos, donde reciben los cuidados necesarios hasta que llegue el momento de salir a la calle. Pero no saldrá todo. En las instalaciones de Cabueñes queda siempre un porcentaje en macetas para poder reponer si hay algún problema en los jardines y zonas verdes.
En estos momentos, el invernadero municipal sólo produce plantas de temporada y no forestal. Sí hay alguna muestra, de castaños y nogales, por ejemplo, pero son escasas. Pero lo cierto es que sus responsables se están planteando iniciar ese proceso, ya que consideran que el invernadero está ya suficientemente consolidado y estructurado como para afrontar ese nuevo reto. Esas especies serían luego utilizadas, probablemente, para las actuaciones del Arco Medioambiental en todo el concejo. De hecho, alguna de las especies que están en el invernadero son de las pocas que sobraron de alguna de las plantaciones realizadas en terrenos del Arco con los escolares de la ciudad. Otra de las novedades que afronta la instalación es la renovación de todo su cierre, que estaba ya muy deteriorado.
Por último, los responsables de Medio Ambiente planean también trabajar en el futuro con programas de voluntariado. Creen que es uno de los ejes fundamentales para concienciar a la población de la necesidad de cuidar y mantener las zonas verdes y arboladas. Es el futuro de esta instalación, la más desconocida de todo el área de Medio Ambiente del Ayuntamiento, que en su presente está en pleno proceso de cambio, mejora y modernización.