Martes, 15 de mayo de 2007
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EN CORTO SANTIAGO OBAYA QUIOSQUERO
«El quiosco no desaparecerá»
«El quiosco no desaparecerá»
VARIEDAD. Santiago, tras el mostrador de su quiosco. / A. A.
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Cada vez quedan menos de aquellos espacios que siempre fueron un alto obligatorio en el camino, tanto para el que se quería hacer con la prensa del día, como para comprar las golosinas de los más pequeños. Del casi bazar que fueron antaño, los quioscos han ido reduciendo sus existencias obligados por las circunstancias del mercado actual y la subida de precios, entre otros factores. Sin embargo, muchos de estos espacios 'de siempre' siguen manteniéndose contra todo lo que venga y «muy difícilmente acabarán desapareciendo», señala el quiosquero Santiago Obaya.

-¿Cree que esta nueva concepción de quiosco con muchas máquinas y sin personal pone en peligro al tradicional?

-El quiosco de toda la vida sí está en peligro, cuando abrí éste había como cuatro quioscos más en la zona. En menos de cinco años han ido cerrando todos. La situación es difícil pero no creo que llegue a desaparecer.

-¿Qué les ha llevado a cambiar el tipo de productos que venden?

-Más que ha cambiarlo hemos tenido que reducirlo. Por ejemplo, los juguetes no se venden, ni siquiera los más pequeños. Por otro lado, el aumento de los precios se nota en todo, tanto en golosinas como en prensa y revistas.

-A pesar de todos estos factores en contra, ¿por qué está tan seguro de que seguirán manteniéndose?

-Porque hay mucha gente a la que le gusta venir y porque la presencia de quioscos en las ciudades ya es una tradición. Por otro lado, el contacto con la gente es fundamental, tanto para el quiosquero como para el cliente. Hay quienes son incluso amigos. Y, además, la gente mayor, que es la que más viene, está habituada a ello y es difícil que vaya a cambiar.

-Sin embargo, sigue siendo un trabajo realmente duro.

- Sí, la verdad es que esa es la peor parte del negocio. Tener un quiosco supone que se libra tres días al año y durante el resto empiezas a trabajar a las seis de la mañana. Es cuestión de acostumbrarse, pero cuesta más trabajo aún.

 
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